María Teresa González

 

 

 

POEMAS

 

 

-Traducción de Vicente García Oliva-

 

 

 

       De Primeros Poemas (1984 - 1987)

  

 

SIN TÍTULO  

 

 

 

HAZME reír, compañero.

Háblame de esas cosas

que tanto me gustan.

Emplea tu ingenio como sabes,

y consigue otra vez

que la pena no me oprima las entrañas.

Que el miedo

no me haga las noches espantosas.

Que el temor

no me acorrale en los rincones

a cada paso.

 

Hazme reír,

que llegue tu voz suave

a mi oído.

Tu voz, compañero,

de besos, de penas y caminos.

Acércame las manos,

envuélveme en los brazos,

ya ves

que no consigo ser mayor

y que me asustan

los trasgos

las brujas

y los diaños.

 

 

II  

 

Ya sé que no me perteneces,

que detrás de esos ojos

grandes y risueños

se esconde

un terreno sin lindes.

Agujeros abismales,

larga noche de tormentas

detrás de los ojos,

amor mío.

Se esconde, sordo y mudo,

un canto de nadie,

sueños,

llamas que no alientan en el son

de mi hogar.

Yo lo sé,

que allá en lo más profundo

hay una  ventana que asoma a otro camino,

oculto

de intrincadas palabras

como hojas de sonrisa

que caen entre la lluvia.

Yo lo sé,

amor,

aunque a veces me hables de otras cosas

o me cierres la boca con  besos.

 

 

 

 

Como una vara de mimbre

me vencí sobre tu cuerpo,

en tus manos

me volví por entero

                             canción y sonido

                                dulce flauta

murmullo alegre

al rojizo tizón de una fogata.

Me junté sin remedio

a las pestañas

en la fragua encendida de tus miradas,

ojos tercos

lunas negras que me abrasan

portador de labios peregrinos

que, pasín a paso,

hacen de mi tierra

sus fronteras.

Sembrador de amor que me acaricias

y extiendes sobre mi piel

aunque no quiera

                               un nido de recuerdos.

 

 

  

 

MEMORIA DE MI MADRE

 

Fuiste quedando quieta

como una nube

                     sin el soplín del aire.

Te fuiste suavemente,

igual que habías vivido

sin la letanía de quejas o lamentos.

Pasaste a ser

                    un rostro imaginado

envuelto en el rompecabezas de los sueños,

al contraluz que se aleja de la noche.

Te quedaste

clavada en el corazón

            deslizándote suave, sin sonido

igual que la arena de un reloj

que jamás se detiene.

Y pensé para mí, qué raro era

que la alborada corriera como siempre

extendiéndose en los prados

entre los setos,

oír gritar a las madres tras los niños,

a la mujer que vende las sardinas,

al run-run de la vida cotidiana.

Nada más la calle de los huertos

          notó la ausencia

          entristeció la tierra

         quedó muda la fuente

ahogada  de zarzas y de ortigas

Resurgió lo salvaje, donde antes

         creciera la rosa

y se llenó de musgo la azada

      y el tiempo de povisa.

      Nadie te echó de menos,

ya lo ves,

nada más lo que naciera

a la sombra amante de tu cuerpo.

 

 

 

 

De  Compañero de la noche (1987)

 

  

Encerrada en esta casa

que me ofrece silencio,

entre esta calma densa,

arrinconada,

siento que en el reloj sólo se oyen las agujas

que caminan

ajenas a estos signos

que en mi rostro posa

la brisa cotidiana.

 

Encerrada aquí,

donde los labios no se abren

en ríos de sonrisas,

huyendo de los besos que al estallar

queman en la piel

y dejan recuerdos,

y no me sobresalta la esperanza

ni me encienden los signos del amor,

voy lamiendo el regusto

del olvido

y modelando el cuerpo

con la agridulce pasta de la rutina.

 

 

 

 

 

DIBUJA EN MI CARA

 

Dibuja en mi cara

una sonrisa grande

y en el pelo

píntame nidos

donde alienten encendidas las caricias

Cubre mi cuerpo

de caminos abiertos al azar,

un puerto donde se adentren

cansados de aventuras los recuerdos

al abrigo del olvido.

 

Pero no pintes jamás

en mis ojos

lágrimas que duelan al andar,

ni súplicas,

ni reproches

que me hagan pequeña.

 

Dibuja en mis manos un saludo

cuando me digas adiós.

 

 

 

 

 

HAY MUCHAS COSAS QUE EL TIEMPO

 

Hay muchas cosas que el tiempo

fue posando

sobre tu piel, clara y tierna.

Besos que el aire trajo de otros lugares,

entre llovizna y barro,

entre caricias dolorosas que se esconden

tras las cortinas del tiempo

y, poco a poco, fue dejando

un mapa impreso,

                           huella viva sobre la carne.

 

Ojos tuyos donde corre la tristeza

reguero seco que te araña el rostro,

grito que se rompe en la garganta.

 

¡Cuántas veces

de esconder los besos entre silencios,

de extender las manos tras el humo,

de abrazar fantasmas,

de entristecerse,

                          de callar,

como un canto de amor que muere

en una jaula!

 

Y mis besos

no son nada para calmarte,

ni mi lengua

                 para lamer tanta herida.

 

 

 

 

ESTOY BIEN AHORA

 

Estoy bien ahora,

mientras la lluvia

charla y dialoga con el suelo

y los cristales,

y el cuerpo

todavía húmedo de amor

envuelto en una bata.

 

Me dijiste hasta luego

y  me soplaste por el aire

                         un beso.

 

Quizás es la tarde

que está rara,

o este quieto silencio

danzando por mi casa,

que pienso

que si un día no volvieras

saborearía un gusto más amargo

que este café

                  que ahúma en esta taza.

 

 

 

 

 

ACORDANZA

 

No, no necesito

que nadie me cuente de dónde vengo,

porque allá, lejos,

hay una brisa antigua

que a veces

me trae tu recuerdo.

Apenas una cara,

unas guedejas,

un cuerpo sosteniendo un abrigo

sobre el que se posaron

demasiados inviernos.

Un trapo oscuro

cansado de calentar tu piel

donde el dedo afilado del aire

escribiera

un infinito pliego de desgracias.

 

No, no necesito

buscar de los cajones una foto,

que el aliento no puede asomarse a ella

ni puede sentirse la caricia,

ni notarse los besos que me dieras.

 

Hay un rastro en mi vida,

lo siento,

de esas manos tuyas maltratadas

de huerta y labranza,

donde tan bien se mezclaron

el mimo y la azada.

 

No, que nadie me consuele,

que vuela por entre el aire la sombra

y todavía me queda

un poco de memoria.

 

 

 

 

DEVOLVEDME

 

Devolvedme

la muñeca de trapo

de las coletas rubias,

en donde se colgaban

las cintas de colores

y los lazos.

 

Devolvedme

aquel compañero

de papos colorados

ojos de miel,

pelo de panoja,

que jugaba conmigo sobre la escoba

a hacer de jinete enmascarado.

Y aquel cabás

que era de madera,

el mandilón de cuadros,

los borrones azules

de la tinta.

 

Devolvedme

aquel puente

que cruzaba con prisa para la escuela,

y aquel río.

 

Y si no...

si no

encerradme para siempre

en ese cuarto oscuro de los sueños.

 

 

 

 

De Poemas (1988-1989)

     

EN LOS CANTOS OSCUROS DE LOS CUENTOS

                                    (A mi hijo Mauro)

 

No encontré el rastro de tu fantasía

en las constelaciones a donde fui.

Pero tú adormecías quieto

y la noche, arañando tu rostro,

quiso quedar contigo sin memoria.

 

¿Por dónde desaparecieron tus miedos?

¿Dónde los duendes, dónde?

¿En qué trasluz del sueño surgen,

aguijones a la miel de tus ojos?

 

Forastera viene el agua hasta tu sed,

silente es la risa

del caballero andante,

silente su aliento

por la clara cornisa de la frente.

 

La madera fue espada unida a tus dedos,

arrancada leyenda,

polvo de roble,

desgajada rama a la lengua sangrienta de los fuegos.

 

Ahora, pequeña es la red que te amarra

al brazo lechoso de la luna,

al regazo que tapia amaneceres claros,

y a tus juegos

que ya no los calientan los misterios.

 

Pero sé, que en la puerta entreabierta de la mente

se asomará el tiempo en remolinos,

y otra vez, con ojos infantiles,

encontrarás el ayer

en los cantos oscuros de los cuentos.

  

 

 

  De Ochobre (1989)

 

Qué pensará la mar

cuando despierte,

ocle en la piel,

el amanecer abriéndose al iris soñoliento,

y en el profundo vientre, como un niño,

columpiándose un beso, que posara los labios de setiembre.

                                                                                                           Mayo 1988

 

 

 

Sí que languidece Octubre

en las apacibles manos de la playa.

Se arrastran las lunas, pensativas,

dejando tras de sí un hilo de tristeza.

Ahora se esconde la Xana perezosa

al abrigo de una manta de hojas

que el viento otoñal amontonara.

Quizás la niña ya no llore

abrazada al cabás,

y  vuelva a los abrazos el amante efímero.

 

Sí que languidece Octubre.

La luz tras el cristal

amortiguó el resplandor de la luciérnaga.

                                                                                                  Abril 1988

 

 

 

Por el horizonte tranquilo de tus párpados

va perdiéndose la luna de Octubre.

Ciérrase en tu boca un gesto

de playa abandonada

y en las mejillas corren regueros de neblina.

 

De pronto, tuvo alas la tarde otoñal,

las mimbres se desnudaron

en la húmeda  sonrisa de los cauces.

El sol quedó dormido

en la estación vacía de colores,

y en mi puerta una gota de lluvia

escribió la primera canción de la invernada.

 

                                        Abril 1988

 

 

 

        De Poemas (1990 - 1993)

 

 

Sobre el mantel de lino

el peso de una taza

esperando que llegue otra tarde cualquiera,

al ocre de los posos y rutinas.

 

No quedan más estampas

conjurando lo antiguo,

si acaso en tus dedos

si acaso por tus dedos

un vuelo de povisa

que nos trae el anuncio

del huir de otro invierno.

 

 

 

 

          De Heliocentro (1993)

 

 

Desde las claraboyas

rompiéndose en hilvanes nubes de nicotina,

viene como tú la luz

al poso de los vasos

a los acostumbrados besos,

a la noche vigilante que arrastra la memoria.

Y se golpea contra el verdín de la llamarga

y me observa en la luna que mancha los espejos

un sueño de serrines que acaso te imitara.

 

 

 

 

Esta luna que despierta de súbito

me trae un eco

de toboganes silenciosos,

de columpio muerto

al impulso postrero que muestra

la fragilidad inconsciente de una niña.

 

Justamente mañana, cuando el invierno calle

todo se pudrirá en la memoria.

 

 

 

   

        De Últimos poemas (1993-1995)

  

 

Se fueron las luciérnagas

y te dejaron solo,

en el último tramo de la noche,

con el húmedo rocío

que todavía empapa la tierra.

 

Marcharon

antes de que la luz

fuera sólo un rasguño en los cristales

por entre el ovillo rubio de tu pelo,

ajeno prisionero al suave refugio de la almohada.

 

Se fueron las luciérnagas

rompiendo el laberinto de tu sueño,

para que el día amaneciera nuevo

en el estanque oculto de tus ojos.

 

 

 

 

 

Nadie

con la tristeza amarga de un mal día

recorrerá los muelles de tus brazos,

las ingles inquietas que en las manos

se vuelven taciturnas golondrinas.

 

Nadie

espera la lluvia de tu aliento,

el frío que acerca a la memoria

una tarde cualquiera

que se va repitiendo

en todos los inviernos que recuerdo.

 

Nadie

como un viento enfadado

o bondadoso

empujará a la mar tus arenas,

orillando en la piel los pozos

del deseo.

 

Nadie,

ni el hosco caminante

de lejanas ciudades,

empujado al silencio,

rodando lentamente

sobre el empedrado.

 

 

 

 

Esta traducción de Esbilla de poemes de María

Teresa González, realizada por Vicente

García Oliva y digitalizada por

Portal de Poesía, ha sido

depositada en la red

a los seis días

andados del

mes de

agosto

de dos

mil uno