Víctor Bustamante

 

 

(Barbosa -Colombia- en 1954)  

 

 

Víctor Bustamante

 

 

Cuatro poemas

 


 

Sonata

 

En ti descansan la música

y todas las músicas.

En ti reposan todas las palabras

y la palabra.

En ti oscurecen todas las noches, batallas de mi noche,

pero brillan soles y tus palabras son mi luna.

Tú eres la puta en mis lodos, girasol de mi lluvia.

Por ti murmuran todas las noches,

música de la tarde.

Tú eres mi droga, hado de las esquinas,

la droga y mis sueños, música de la mañana.  

En ti  se resumen los pasos que rasgan

la calle y eres la calle,

Música de mi noche.

 

 


 

 

Vino de medianoche

 

 

Al final del alba

estamos solos y desnudos.

El hombre chupa la luna de un cigarrillo.

Lo han sorprendido el silencio y las primeras luces.

No quiere levantarse.

Sabe que en esta noche los disparos perforarán

la tela del cielo y con su corazón sucio sembrarán semillas de muerte.

Sospecha que una mujer se ha marchado con su ola de olvido pero otra desconocida regresará desde el mar callejero de su vino.

Al final de la calle 

escuchará palabras,

sentirá mujeres,

buscará música,

y al final del día

estará más solo y más desnudo.

Ha quemado sus cenizas para la noche,

de sus pasos, heridas en el pavimento

de sus palabras, pausas y silencios

y de sus gestos, miradas ubicuas.

Al final de la noche estará más vacío y más desnudo.

Y de repente, el silencio.

 

 


 

 

Por si la estrella de un cigarro ilumina el humo de la noche

 

 

En el bar suena un tango y me desgarra.

Apuro otro trago

y más me desgarra el alma y el culo.

Cómo se presenta el tiempo disfrazado de música.

Cómo pasa el tiempo.

 

En el bar suena una balada de rock

que no he pedido.

Ya la noche se aferra y el licor

humedece la noche donde somos libres.

Cómo pasa el tiempo con ardor de borracho.

La muchacha no quiere entrar a una pensión,

lo quiere ir a un motel de cinco estrellas como si no supiera que lo que me

interesa es su cuerpo

y no el paisaje de un motel de cinco estrellas por los suburbios de Medellín.

No soy una puta cualquiera,

sino una mujer, una dama, dice.

Mientras, el dueño del bar muele más rock.

Canto, entono una de las canciones que repite, entonces pido más vino.

La miro a sus ojos, a sus ojos negros

que definen la noche y su sexo.

Un taxi la lleva a casa donde estará protegida,

castillo de impurezas, de todos mis deseos.

La calle ofrece vagabundos, más calles y un final que nunca me sé.

Guiado por las luces ebrias de los bares,

recordé que la noche y la calle son mis elementos y sucumbí a ellos.

Allí nadie exige ni reclama.

En estos lugares llegamos a lo más granado: nada soy.

Sólo me acompaña la estrella de un cigarro con el humo de su noche.

Ahogado en un mar de alcohol,

una desconocida yace junto a mí

en un lugar sin geografía y sin espacio y sin reclamo

desnuda y absorta, como en un cuadro de Hopper,

busca algo de música en el dial de la radio.

Entonces recordé que a una mujer la reemplaza otra mujer.

Y recordé cómo pasa el tiempo, pero también a los vagabundos, las parejas y los autos,

cuando la mañana me sorprende con su ardor y tufo de borracho.

 

 


 

Blues para Led Zeppelin

Para Carlos Bedoya

 

Hoy caen los primeros vientos de diciembre

Hoy en la noche caen las primeras estrellas de diciembre.

Esta noche con las primeras brisas enciendo la televisión

y encuentro un concierto de Led Zeppelin en Marruecos.

No tengo a quien llamar para contarle ya que la noche es alta y cerrada

y portadora de mensajes tristes.

Sí, en esta noche de diciembre cuando todos duermen

es una sorpresa

Sobretodo cuando hace días no me siento a escucharlos

en mi cuarto inundado de elepés de rock entre libros

y casetes en  cajas de cartón.

Sí, es una bella sorpresa

Escuchar a Plant —ángel de cabellos del sol de los venados—, cantando Gallos Pole.

Ah, cuanto tiempo hace de ese dialogo entre su voz

y la guitarra de Jimmy Page —que es la voz de los dedos mágicos de Jimmy Page—

Ah, acabo de hablar de Jimmy Page

con su guitarra de un brazo, otra con dos mástiles

y la que luce ahora de tres mástiles.

Claro que tiene que ser Jimmy Page mi guitarrista; mi mayor guitarrista.

Ya saben ustedes Bonham

había muerto con su propio vomito en una noche de fiesta:

sexo, drogas y alcohol o lo uno o lo otro: no tienes escapatoria.

John Paul Jones no quiere saber nada de teclados.

Bien, hablemos de Plant & Page en No quarter

junto a juglares tocando rústicos bajos con cuerdas de tripas de tigre,

Es un grito, un maitin de voces presidida por Plant: weh weh

en Marruecos de Genet y Burroughs y Kerouac y Ginsbger,

en la playa húmeda de Paul Bowles y Juan Goytisolo,

en un zoco húmedo de Casablanca donde Bogart bebe y golpea de nuevo.

Alrededor de una fogata sin los huesos de Tánger, en las arenas de Tánger.

Page pasea sus dedos sobre el mástil de su guitarra como un malabarista que descifra en el laberinto de trastes las posibles combinaciones del alfabeto de la música.

En esta noche de diciembre

Sopla más, mucho más, la brisa de Marrakes

sin Stairway to haven, ese colmo de la creación.

Si, Led Zeppelin en Marruecos, en una mezquita

cerca a un zoco con rústicos huesos de Rabbat, - Morroco en la tarde musulmana.

Encerrado en plena noche de tungsteno

como pasa el tiempo con las líneas de su laberinto portátil. 

Naufrago, como pasa el tiempo,

como nos pisa el tiempo.

Marruecos del Sahara, del Atlas y de la esfinge

Marruecos de Kerouac, Burroughs  y Allen Ginsberg

Marruecos de la media luna, del español y del Sahara

devuelve a Plant & Page.

Led Zeppelin del banjo

Led Zeppelin de la guitarra de Page

Led Zeppelin, con la voz de ángel rubio de Plant,

percibo que  su música se ha unido con mi sangre.

 

El Retiro 17 de diciembre de 1998.

 

 


 

               Víctor Bustamante.  Economista de la Universidad de Medellín. Ha sido colaborador de El Imaginario del periódico El Mundo de Medellín, de La Nación de Buenos Aires; de las revistas Interregno, Susurros, Universidad de Antioquia, Universidad Nacional, Kinetoscopio, Oxigen y El escribidor de España. Director de la revista Babel y del periódico escolar El Pájaro Picón. Autor de: Luis Tejada: una Crónica para el Cronista (1994); Noticias de Pedro II, El Papa de Barbosa (1995); Amábamos tanto la Revolución (1999); Historia del Estadio (2001).         

vbc26@hotmail.com