Janet Núñez Marroquín 

 

 

   

   

Janet Núñez Marroquín

 

 

 

Poemas

 

(selección)

 

 

 


 

 

Una gota se escurre por la mejilla del ángel

que custodia las campanas

¿Qué ráfaga de lluvia y de metralla

alertó sus ojos desde el cielo?

¿Qué velo blanco cubre ahora su sien?

¿Qué corazón atrincherado

detrás del muro de artificio

reniega la mano que lo crea?

 

Algo se rompe bajo la piel oscura de la tierra

entre las ruinas la sangre inventa nuevos cauces

la tormenta de arena borra de los campos

el coraje

en los escombros el frío clama

raíces abisales...

 

comienza el sendero perdido del éxodo

y sobre las huellas borradas de la historia

se nos revela la próxima incerteza

 

Alguien guardó la espada

para volver a blandirla sobre nuestro cuello

alguien sin rostro pretende que todos estemos

a la medida de la angustia      cuando a lo lejos

redoblan las sirenas

cuando las piedras se mueren por el ruido

cuando el dolor de nuestros pies

enmudece las campanas

cuando nuestra mirada

transitando llanuras impensables

muerde el polvo

quebranta la frente del ángel

vuelve añicos los badajos  en la hora siniestra

y convierte en imposible la palabra.

 

lágrima amputada.

 

 


 

 

Escuchar sus vocecitas

te sonará increíble

te tomará por sorpresa

acudir en su amparo

atraído por el sólo murmullo en tu oreja

sin conocerles siquiera

sin preguntas

sin reparos

 

Cederás al impulso de correr

de repente

a devolver de un toque

el brillo en sus ojazos

si es que aún queda en ti

algo de lo que eras

si es que tienes la suerte

de tener un amparo

 

Por norma no debería

serte un gran problema

que apresuraras la entrega

y te esforzaras

-un tanto más humano-

en calentar estos cuerpitos

de niños

si están muriendo

y si por ello tienen

heladitos

los pies y las manos.

 

 

 


 

Altazor ¿por qué perdiste tu primera serenidad?

¿Qué ángel malo se paró en la puerta de tu sonrisa

Con la espada en la mano?

¿Quién sembró la angustia en las llanuras de tus ojos como el adorno de un dios?

¿Por qué un día de repente sentiste el terror de ser?

ALTAZOR, CANTO I,  Vicente Huidobro

 

Hoy

Despertarás del sueño más allá de la risa

y bajarás hasta el último peldaño de un patio

el reposo del frío te golpeará la cara

Tú, tan pies de barro,

tan voz de semilla,

te sentarás a oscuras

guarecido en el tronco del viejo árbol

bajo el follaje

Entonces

cuánto darías por no ver

empañados los cristales de aquella luz vecina

flor de novicia

solitaria en flor

que te recuerda al de antes, cuando querías

poder empeñarlo todo

por descubrir cuanto pudieras abarcar

del alma de las cosas

 

Para mañana

todo será distinto

saludarás el rostro del mundo sin afanes

desperezando los huesos fantasmales

sin preguntas que te vuelvan a dejar en vilo

tú, rompeolas circular y laberinto,

por ti, todas las preguntas

deberían quedar en el aire

¿Quien tendrá la verdad absoluta

universal e irrefutable

de arrebatar la vida

al hambre?

¿De qué materia salvaje, impasible y severa

o tal vez indolente como si hubiésemos muerto

estará fabricada la humanidad entera?

 

Pero es a ti a quien alguien espera

aunque tú ya no quieras colorear el cielo

quizás porque te duelen sus cristales en los ojos

quizás porque tu ancla se sumerge

inaprensible

y tú ostentas el dilema de salvar la casa

el territorio doliente que no te pertenece

una batalla absurda de todos los diluvios

sin el otro abismo y sin más viceversa

que la razón del hombre por el hombre mismo

y en la frontera

una vaga desazón de caminar a tientas

por el túnel quebrado de un dogma colectivo

y al otro lado

te encuentras.

 

 

 


 

Cuando el primer acto de fe

que es el hombre

nos traiciona

una zona de sombra

se instala para siempre

una obsesión irrevocable

nos transita

y una fuerza invisible

nos acerca a lo humano

Un reclamo se agita

invocando en los dioses

una justa palabra

un severo designio

que al menos encadene

el tácito cobijo

para nuestra tristeza

esa infinita

reserva de amparo

que nos queda

Una trama inequívoca

de miedo y desconfianza

tiene lugar allí

nos mina

nos acecha

y suele desterrarnos

del alma de los hombres

Yo quisiera entenderlos

sin mayores esfuerzos

sentándome en su silla

para contemplarme

habitando un espacio

de rencores ajenos

que me revele a solas

el sino que merezco

hasta que esa reserva

múltiple y confusa

como juego de espejos

sin más desaparezca

y como un transeúnte

que cae y se levanta

sin errores

ni aciertos

crédulo y paciente

recupere el aliento

resguarde la confianza

decline la sospecha.

 

 

 


 

Remar hasta tus aguas más cercanas

volcarme a tu navío sin mansedumbre

invadir tu territorio promisorio

guerra galana

imprevisible

pugna declarada hasta vencerte

hasta franquear la inexpugnable fortaleza

de tus brazos.

 

 

 


 

 

Frente a tu ira

mi mudez

Ante tu economía de pasiones

mis interpretaciones

de todas nuestras cábalas rituales

y para quien nos mira desde afuera

en aquella ventana de vecino

la elocuencia de nuestra condición

de seres impúdicamente imperfectos

Nuestro espectador sabe muy bien

que todo lo que se diga es irrelevante

que está sometido con nosotros

a la tensión

de cada frontera, abismo o fantasía

que podamos inventar

pero sobre todo

nuestro visitante de reojo

sabe demasiado bien

medir la intensidad

de nuestros ciclos intermedios

estos días y noches alternando

entre el dolor y la felicidad

Todo lo que necesita el espía

para echar a andar su sismógrafo

es saber lo que quisiera decir mi garganta

silenciosa

lo que hay escondido entre tus dientes

apretados y un poco también

necesita  que alguien le ayude

a diseccionar la anatomía

de toda la musculatura secreta

de nuestras verdades irrevelables

Es poco lo que tenemos para ofrecer

pero también es todo lo que hay

 

Si logramos contar con buena suerte

nuestro observador será con el tiempo

el único testigo.

 

 

 


 

A veces muero

y es la sensación

más dulce

que puedo regalar a mis amigos.

En esa minúscula fracción de segundo

todo se torna apacible y distante

cada imagen

cada rostro conocido

carece de importancia:

No cuenta para nada

si fue bueno o malo conmigo.

¿Existe eso?

¡Pobres!

Al principio

Algunos quisieron ser...

No digamos buenos.

Hicieron lo posible por hacerme feliz

pero no les importaba

qué me hacía feliz

(y yo tampoco lo sabía).

Otros quisieron ser...

No digamos malos.

Me engañaron

para hacerme creer que era feliz

y yo les creí.

A veces quise sentir

que era buena y ellos

por supuesto

me hicieron sentir que era mala

pero que estaba buena

y eso era suficiente.

A veces asumí ser mala

pero en esto me pasa

como le pasa a los hombres buenos

que intentan ser malos:

Se les olvida.

Ahora muero

de vez en cuando

para darle a cada uno

su justa hora de gloria

en la memoria

apacible de los muertos

y saber que por ellos

y a pesar de todos ellos

es posible amar.

Por ellos

tengo ahora

por costumbre morir,

por ellos

suelo morir de vez en cuando.

 

 

 


 

Tenía tantas ganas de mar que me soñaba en su espuma

he pasado noches que no abrían en mis ojos

madrugadas enteras con la vigilia en vela

luciérnagas intermitentes                   como ellas

custodiando los párpados

Tenía tantas ganas de cielo que me vertía en los campos

he pasado atardeceres que mojaban el sueño

susurros de pasado con el recuerdo intacto

mariposas fugaces                            como ellas

acariciando un cuerpo de niña

Tenía tantas ganas de otoño que me mullía entre sus hojas

he pasado rozando la piel de los años

desérticos, volátiles, trasegados de tiempo

caballitos etéreos

                                           como mi propia vida

que no me alcance la muerte

todavía.

 

 

 


 

No cualquiera

llega a contemplar

la madrugada.

 

Toda la noche

puede romperse en dos pedazos...

y detenerse…

 

Puede la niebla

venir a humedecer

los cristales

atravesar las paredes

ayuda a mirar

otros ojos.

 

Cada lugar

es puerta y cerrojo

al mismo tiempo

 

Todos somos parte

de esta madeja

de bacterias

agazapadas

homo sapiens

emboscados

delirium tremens

producto de los especialistas.

 

No basta

con cerrar los ojos

para que entiendas... 

 

 



 

Janet Núñez Marroquín nació en Barranquilla, Colombia, en 1962. Reside en Gijón, España, desde 2002.

Es Diseñadora de Interiores por la Universidad Autónoma del Caribe, donde además, fue profesora de Diseño y Antropometría. Cursó también cinco años de Derecho en la Universidad Libre Seccional Barranquilla.

Durante diez años trabajó como productora y asistente de dirección en documentales  y magazines culturales en televisión, así como en diversos proyectos cinematográficos.

 Ejerció la docencia en áreas de Producción de Televisión y Guión  Cinematográfico en la Escuela Distrital de Artes de Barranquilla y fue productora general de eventos del  Instituto Distrital de Cultura de la misma ciudad.

Actualmente es profesora de talla de madera en la Escuela de Artesanía en Madera “Asturtalla” de Gijón,  Asturias.

 

Tiene publicados en España los poemarios: Equipaje para desahuciados (Ediciones Elogio del Horizonte, Gijón, 2006), Pecados de Intención (Ediciones Elogio del Horizonte, Gijón, 2008), Alacranes sobre el piano ( Yaganes Producciones, Gijón, 2010); y  en Italia, A volte muoio / A veces muero- edición biligüe español e italiano (Editorial Gattomerlino, Colección "Serie Blue", Roma, 2012).

kalusa@terra.es