JOSÉ LUIS PIQUERO

 

 

MALO

Yo soy malo. ¿Recuerdas cuando Gina

me lo llamaba -Malo-, no con esa

complicidad coqueta tras mi típica broma

cruel a costa de alguien, sino en serio

y con la gravedad de lo que es cierto

y muy triste (ya estábamos

a punto de dejarlo).

 

Es curioso: de niños somos ‘malos’

sin más; después ser malo

se llena de matices: eres cínico

(malo), rebelde (malo), contestón

(malo).

Llegas a adulto y las palabras

recuperan su antigua contundencia:

te miran con sorpresa y rebuscado

espanto y ¡Tú eres malo!, dice alguien

resumiéndolo todo, tus traiciones

cotidianas, tus infidelidades,

tu vicio: causar daño.

                                  Vicios: Bichos.

Ninguna casa está libre de bichos.

 

En cada grieta, bajo tu colchón.

Huyen de ti, te pican, te dan miedo.

Se alimentan de ti.

 

 (De Monstruos perfectos)

 

 

ELOGIOS DEL PEZ-LUNA

(Por P. F.)

 

Ese vértigo-abajo de los días peores

al fin no es más terrible

que ese vértigo-arriba de la infancia

mientras alguien se inclina hacia nosotros

desde torres monstruosas y nos deja

un pellizco de susto en la mejilla.

 

Acaso tu problema fue quedarte

en aquellas regiones tanto tiempo

y no haber asumido esta estatura;

ser siempre el niño atónito

al que cambiaban sustos y juguetes

por miradas de pasmo y unas gracias.

Apostaría a que fuiste un niño silencioso.

 

De las mañanas tontas de cafés y sin clase

(hace no muchos años) me han quedado

unas cuantas imágenes sucesivas de ti:

Pelayo en blanco y negro, muy de acuerdo

con lo que ha dicho alguien y está claro.

Pelayo un disparate de voces, consiguiendo

que nos echen. Pelayo

con la mirada fría y en silencio. Por fin,

Pelayo desolado frente al vértigo

de sus peores días, ya inconexo y terrible,

lejos de todos, roto.

         Lo confieso:

Casi te aborrecí por habernos dejado

solos, por asumir

ese papel confuso, desgraciado, que hacía

de nosotros inútiles testigos

de tu dolor, figurones sin frase;

y porque nos pusiste

frente a frente con algo que se parece al miedo.

Eras un ser extraño: un pez de charco,

un comedor de tierra, un joker triste

perdido no sé dónde entre los naipes,

y me acuerdo de días

en que te despedí ya para siempre

y ya sin sentir nada.

       

                                 Vienen luego

las escenas cruentas: Un cristal

que se rompe. Gritos en la escalera.

Alguien que pide un taxi. Una bufanda

empapada de sangre. La negrura

del lobo en una cándida cama del hospital.

 

No fueron buenos tiempos, quién lo duda.

 

Pero hoy que, ya de vuelta de esos años,

sano y salvo, te sientas junto a mí,

pido café y charlamos tan a gusto,

e incluso nos reímos al pensar

en los viejos errores, yo quisiera

saber más, comprenderlo.

 

Preguntarte (quizá porque es preciso

saber que hubo una justificación

para tanto dolor) qué te tentaba

del lado oscuro, si valió la pena

y si aprendiste algo. O si fue sólo

una forma egoísta de salvarte,

o un ajuste de cuentas con la vida

y el ensayo de otra vida imposible.

 

O simplemente eras como un niño

rompiendo en mil pedazos el espejo,

dando cuerda al reloj de tal manera

que aún le dicen dormido,

sin escuela, y se ríen.

 

 

(De Monstruos perfectos)

 

 

 

RETIRO SENTIMENTAL

En mi familia no se dijo nunca “te quiero”.

Jamás oí decir “lo siento” a mi padre o a mi madre.

No sé si era vergüenza: una ternura demasiado estridente para enser cotidiano.

¡Incluso leer poemas! Eso sí que era algo sospechoso,

tanto como una mancha repentina o un suspiro o una puerta cerrada con

             [demasiada llave.

Nunca “amor”, “estoy triste” o “te echaré de menos”, ¡podía uno reírse de esas cosas!

Entiendo que hay un pacto tácito de pudor en algunos afectos, y no obstante

yo hoy llamo a eso la incomodidad con todo lo cercano.

 

La amputación de lo sentimental, estoy de acuerdo, nos hace manejables los

            [rituales difíciles de convivir; una pequeña argucia.

Así el templo: las fórmulas, nada de desgarrarse.

En el templo, en la casa, como en un hospital, es necesaria la asepsia de los

            [gestos repetidos, seguros:

Procura ser feliz de una forma privada.

 

Y, como añadidura, está el saqueo

de palabras por parte de películas y canciones idiotas y esas niñas con novios

             [revoltosos en un parque, entre arbustos enanos.

 

Y hay a quien gustan mucho las escenas

y tocar la guitarra sentimental de todos los salones y de todas las playas

             [adolescentes, lánguidas igual que un veraneo despacioso,

mientras algunos más nos quedamos a solas,

bebiendo (y arrugados como estúpidos plátanos),

pensando qué decir.

 

En mi casa jamás se dijeron en alto las cosas importantes.

Busca hoy dentro de ti una lágrima, un gesto de ternura:

Ya se nos hizo tarde para esas tonterías.

 (De Monstruos perfectos)

 

 

LA VIDA DE LAS MOSCAS

Nosotros no dormimos. Hay un gesto

de araña en cada sombra amenazante

y el silencio se llena de presagios.

 

No dormimos. Quemamos

las horas como extraños cigarrillos.

Sabemos que ahí afuera la vida es deseable,

las chicas huelen bien,

y nada de eso es nuestro.

 

No podemos dormir, no hemos dormido nunca.

A veces alguien mira, de perfil, preguntándose

con dolor qué esperamos

desde hace tanto tiempo. Las arañas,

las arañas. No hemos dormido nunca.

 

Y pasamos los días con los ojos abiertos

como esos tragaluces que miran desde un sótano.

Ya nos duelen los párpados

y alguien dice palabras,

el mundo está bien hecho, simplemente

nuestra vida es así.

 

Ojalá nos muriésemos como quien no ha vivido,

que un soplo nos borrase la arena de los labios,

sin huellas y sin humo, apagando la luz.

 

Ah, si por fin durmiéramos, no puedo imaginarlo.

Tus labios cantarían una canción de cuna.

Más también las arañas... Hay un gesto

de mosca en cada sombra. Oh, Señor de las Moscas,

la vida es un infierno.

 

Nosotros no dormimos, igual que las arañas,

cristales y arenilla bajo la nuca insomne.

 

Ellas tejen sus redes.

 

Por si las moscas.

(De Monstruos perfectos)

 

 

ESCORZO DE ELLA

Mientras anochecía, los cristales

estaban empañados.

 

Se levantó y miró por la ventana,

la frente en el cristal.

 

Sus nalgas de muchacho

y su espalda aún brillaban en la sombra

mucho, mucho después.

 

Dónde estamos, qué ha sido

de los dos, de nosotros.

(De Monstruos perfectos)

 

 

ORACIÓN DE CAÍN

Gracias, odio; gracias, resentimiento;

gracias, envidia:

os debo cuanto soy.

Lo peor de nosotros mantiene el mundo en marcha

y la ira es un don: estamos vivos.

 

De quien demonios sean las sonrisas,

derrochadas igual que mercancía barata,

yo nunca me he ocupado.

Gracias por no dejarme ser inconstante y dulce

mientras levanta el mundo su obra minuciosa de dolor

y nos hacemos daño unos a otros

amándonos a ciegas,

con torpes manotazos.

 

Yo soy esa pregunta del insomnio

y su horrible respuesta.

Bésanos en la boca, muchedumbre, y esfúmate,

que estamos siempre solos y no somos felices.

 

Gracias, angustia; gracias, amargura,

por la memoria y la razón de ser:

no quiero que me quieran al precio de mi vida.

 

Gracias, Señor, por mostrarme el camino.

Gracias, Padre,

por dejar a tu hijo ser Caín.

(Inédito)

 

 

MENSAJE A LOS ADOLESCENTES 

Esto no debéis intentar repetirlo en casa, niños.

Niños, probad a hacerlo en casa

y sabréis lo que es bueno sin que os lo cuente nadie.

Recordad que no hay nada que vuestros padres puedan enseñaros.

Ellos no son vosotros.

 

Acostaos, bebed.

Hace siglos que están ocurriendo estas cosas

y nadie ha demostrado

que sean muchos peores que una guerra.

Existe un paraíso tras esa raya blanca.

 

Cuanto hace daño y no hacéis,

niños, lo estáis cambiando por la serenidad.

¿Os han hablado de ella? ¿Sabe alguno a qué sabe?

 

Si ignoráis quiénes sois evitad el rodeo

de averiguarlo uniéndoos a los demás. Una plaza en el grupo

es un puesto en el mundo;

        ahora bien,

    niños,

que levante la mano el que quiera morirse siendo útil y sensato.

Tenéis razón: no es nada divertido.

 

Por lo demás, sé que no sois felices,

a lo mejor pensabáis que todo el mundo os odia. Pues es cierto,

pero sobran motivos: sois jóvenes y estúpidos

y no tenéis derecho

a todo ese futuro que vais a malgastar (como nosotros).

 

Entonces, ¿estáis solos? Así es.

 

Aprended a ser libres, practicad la mentira;

sabréis por experiencia que es más sólida que una verdad pactada.

 

Y sobre todo, niños,

          no creáis

que la vida merece la pena de vivirse

sólo porque lo juren desde siempre los peores canallas.

(Inédito)

jlpiquero@eresmas.com