Beatriz Villacañas

 

 

 

Poemas

 

 

   

 

 

   

 

Beatriz Villacañas   Nacida en Toledo. Es doctora en Filología Inglesa y profesora de literatura inglesa e irlandesa en la Universidad Complutense de Madrid. Miembro correspondiente de la  Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo.  Ha residido en Irlanda y Gran Bretaña, donde ha sido profesora de español.  Perteneció a la plantilla de críticos literarios de la revista Nueva Estafeta. Ha pronunciado conferencias nacionales e internacionales.

 

Es autora de más de cuarenta artículos. Entre sus libros figuran Los Personajes Femeninos en las Novelas de Thomas Hardy (1991), Madrid, Editorial Complutense. Estudios de la Mujer en el Ámbito de los Países de Habla Inglesa (co-editora), Madrid, Editorial Complutense. La Poesía de Juan Antonio Villacañas: Argumento de una Biografía (2003), Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, Toledo. Literatura Irlandesa (2007) Madrid, Síntesis.

 

Entre sus premios de poesía: Ciudad de Toledo (1995) y Primera Bienal Internacional Eugenio de Nora, León (2000).

 

 Sus poemarios: Jazz (1991) Esquío-La Coruña. Allegra Byron (1993) Toledo. El silencio está lleno de nombres (1995) Toledo. Dublín (2000) Editorial Provincia de Poesía, León. El Ángel y la Física (2005) Editorial Huerga y Fierro, Madrid.

 

Figura en diferentes antologías de poesía, entre ellas: Poesía Siglo XXI en Español, ed. Juan Ruiz de Torres ( Prometeo, Madrid), Tejedores de Palabras ( Prometeo, Madrid), Mar Interior, ed. Miguel Casado (Castilla-La Mancha), Inagotable Voz: Poetas Españolas del S. XX, José María Balcells (Universidad de Cádiz), La Voz y la Escritura (Sial- Contrapunto), siendo la última hasta la fecha: Al Filo del Gozo, Poesía Erótica, ed: Marisa Trejo Sirvent (Universidad de Chiapas, Méjico, 2008).

 

Ha sido poeta invitada en los Encuentros de Poetas Irlandeses y Españoles, Madrid, Círculo de Bellas Artes, 2003, 2007), y en Féile na Bealtaine, Dingle (Irlanda), 2007.

 

Pueden encontrarse poemas suyos en numerosas revistas de literatura como Cuadernos del Matemático, Barcarola, Álora, Nayagua, Buxía, La Sombra del Membrillo, Hermes (España) o Proa (Argentina), Norte (Méjico) entre otras.

 

 

beatrizv@filol.ucm.es

 

   


 

 

 

 

 

Del libro JAZZ, Esquío, La Coruña, 1991:

  

               NO SON ALAS: ES TAN SÓLO UN PIANO

 

Los pájaros son el recuerdo cotidiano

de la atadura que nos une a la tierra

diariamente.

 

Son el espejo en el que se refleja

esa distancia, siempre irreconciliable,

del hombre con su piel.

 

Ellos

son ese sueño cercano e inasible

de crueldad bellísima.

Tiernos e indiferentes,

y desconocedores

de todas las palabras

que inventamos nosotros

para poder volar:


Escucha:

¿No percibes su corazón acelerado?

Oye cómo bombea

ese aire que en nosotros se estanca

y se hace pensamiento.

 

Ellos

reinventan el viento día a día

mientras tú y yo seguimos

intentando entender

el porqué de su vuelo,

que se acerca a llamarnos

y se aleja después.

 

Para nosotros

el deseo es un pájaro caído

incapaz ya de atravesar el aire.

Para ellos

nosotros somos la amenaza que se olvida

al recobrar el cielo en un instante.

 

Míralos allá arriba,

intentemos

hacer de la mirada un ángel redimido

un segundo tan sólo.

 

Luego,

nuestras pisadas

nos traerán a la tierra nuevamente

y volverán a caer, algunas veces,

como una sombra cargada de muerte silenciosa,

sobre la hormiga,

que sólo mira al suelo.

 

 

 

Del libro ALLEGRA BYRON, Toledo,1993:

 

VERSOS DEL MUÑECO ENAMORADO

 

La oscuridad del cuarto me abrazó por la espalda.

Los antiguos ojos de una estrella

que clavaba su vértigo

en la más vertical de las alturas

iluminaron mis muslos

bañados de noche y de silencio,

y su luz hizo denso

todo lo que encontraba en su camino,

tanto, que toqué con mis dedos

las palabras que flotaban en el aire

y acaricié el fantasma desnudo de tu cuerpo

hasta que un murmullo blanco

dejó frío mi cuello.

Entonces sospeché que había amanecido.

 

 

 

Del Libro EL SILENCIO ESTÁ LLENO DE NOMBRES,     

Premio de Poesía Ciudad de Toledo, 1995:

         

 AQUILES, HIJO MÍO

 

Aquiles, hijo mío,

algo me vence más que tu grandeza:

el recuerdo de tu ser recién nacido.

Sólo yo, Aquiles, hijo mío,

sé cómo fuiste niño.

Cuántas veces, a nuestros pies las olas,

con mis dedos quitaba yo la arena de tus cabellos rubios.

Siempre escondías tesoros diminutos en tus puños,

que se abrían como rosas

sin haber conocido aún el hierro de las armas.

Aquiles, hijo mío, tuyas son las victorias,

tu lucha es mi derrota.

 

Aquiles, mi guerrero,

al hacerte soldado

caíste prisionero de tu propia armadura.

El mundo está asediado,

y todos tus triunfos ponen nuevas murallas

en los pechos de los hombres y los héroes.

Tus pies ligeros no han de llevarte nunca más allá

de los confines de la guerra,

y con ellos te vas marchando lentamente de mí

porque te marchas para siempre.

 

Aquiles, hijo mío,

te vi vivir antes de verte con los ojos,

te oí sumergido en el silencio

y te toqué sin necesidad de usar las manos

mucho antes que la aurora de los dedos rosados.

 

Ahora que estás dormido y la luz de la luna

perpetúa el resplandor de tu espada,

a la vez que con su leche nutre esta nocturna tregua,

contemplo en tu talón la convulsión del tiempo,

y aunque tú no lo sabes, Aquiles, hijo mío,

como siempre

los dioses han vencido.

  

INCREÍBLEMENTE DESNUDOS

 

Estábamos.

Éramos la desnudez desarropada de pasado y futuro

y cada poro

de nuestra piel era una boca abierta

dispuesta a recibir las lluvias de todas las tormentas.

 

Desnudamente confiados

mientras el sol se repartía

en cada gota de sudor gozoso.

Gozosamente inmunes

a cualquier otro tiempo que no fuera el presente.

Inmunemente ciegos al azar

(esa tragedia de juguete).

Ciegamente precisos en las sombras más húmedas.

 

Precisamente así,

como hermanos gemelos,

mitades de una misma libertad

aún no desgajadas, le dimos al deseo

lo que había deseado tanto tiempo

y el imposible fue para nosotros

el borde del abismo más cercano.

 

Increíblemente desnudos

y fieramente ángeles

fuimos hacia la noche en que los cuerpos

tuvieron sed y se encontraron.

 

Luego

nos visitó el encantador de las palabras,

nos contagió los signos, los fonemas, las sílabas,

la lucidez con la que nos cubrimos de inmediato.

Dejamos que la tierra se tragara los sueños

- nadie mejor que ella para eso –

y fuimos deshaciendo, paso a paso,

todo el camino andado

infligiendo palabras como heridas.

Increíblemente

vestidos otra vez.

 

SANDALIAS NUEVAS

 

Es inútil creer que un poema

permanece siempre igual a sí mismo.

Es un pájaro inquieto, superviviente

de climas variables.

Un fuego que se alimenta de palabras

y engendra multitud de ecos diferentes.

 

Es inútil creer que un poema

permanece en la página

atado a cada una de sus letras.

Es un nómada. Siempre nuevos sus pasos,

puede sentarse a nuestra mesa

como un huésped bíblico.

Un hijo pródigo.

Un zumo que tú exprimes.

Un niño que estrena unas sandalias.

 

Cuando lo encuentres

no te arrodilles como ante el oráculo.

Camina junto a él.

           

 SONETO AL MIRLO QUE SE COME MIS PERAS

 

Vienes todas las tardes, tan temprano,

aprovechas la ausencia de mi siesta,

llegas a tiempo, con la mesa puesta,

y te comes la fruta del verano.

 

Después desapareces, mini-hermano,

y tu canto visible es la respuesta

al coro de los árboles en fiesta

y al sol que te calienta tan cercano.

 

Mi frutal heredero, ladrón tierno,

con tu pico amarillo y tu impaciencia

pones a prueba al árbol cada día.

 

Quizá te eche de menos en invierno,

tu forma de llegar y tu insistencia.

Si no vinieras más te llamaría.

 

 

 

 Del libro DUBLÍN, Premio Primera Bienal Internacional Eugenio de Nora, 2000. Colección Provincia, León 2001:

                      

DE LIRAS POR DUBLÍN

 

Dublín es como todo,

sólo un pretexto más de la existencia

lo diré de otro modo,

que vivir es la ciencia

de no saber de nada y a conciencia.

 

Es una antología

tan personal como los ruidos viejos,

como una epifanía

que nunca da consejos,

con el presente Joyce siempre a lo lejos.

 

Yo me tomo unas liras

con todos los borrachos dublineses.

Muerte, sé que me miras

como a los feligreses

de los templos profanos irlandeses.

 

Que el pub es cosa seria,

de la sed sin fronteras es la casa,

es toda nuestra feria,

es todo lo que pasa,

es creer que la muerte se retrasa.

 

El amor, por su parte,

puede encontrarnos en cualquier postura,

quizá el amor es arte

de mestiza blancura.

Me gusta que el amor no tenga cura.

 

Porque si la tuviera

Dublín sería un diálogo mezquino,

no habría ciudad entera,

ni cerveza ni vino

que nos pusiera a hablar con el destino.

 

Ya lo dije hace mucho,

Dublín no es otra cosa que un relato

tan mío que lo escucho

cómo come en mi plato,

que la vida es muy larga y sólo un rato.

 

 

 

Del libro EL ÁNGEL Y LA FÍSICA, Madrid, Huerga y Fierro, 2005:

 

 DESDE TU CUERPO

 

Porque en tu cuerpo cabe

toda la desmesura del amor

se me aparece

un paisaje lunar

en plena tierra.

 

He extendido mi cama

debajo de la noche

para dormir contigo

y escribir

en tu abrazo

el poema más libre de palabras.

 

Un milenio no es nada,

que amor es macrocosmos

reflejado

en la casta impudicia de tu camisa blanca.

 

Ese big-bang del verso

que estalla en universo

es nuestra creación

de cada día,

de cada instante cósmico

del tacto.

 

El cuerpo

es el camino redondo

al infinito.

 

Que el tiempo se detenga

en nuestra biografía.

  

ÁMAME CON CARIBES Y PANTERAS

 

 Ámame con Caribes y panteras,

deja que Eros cumpla su destino,

ponle caña de azúcar al camino,

dale cuerpo al futuro que tú esperas.

 

La noche nos dará sus lunas fieras,

el abrazo tendrá sabor marino,

y la canela excitará el felino

que ronronea bajo las palmeras.

 

Inúndame de tropical ternura,

acércame tu aliento, tan caliente

que puede hacer arder la tierra entera.

 

Démosle rienda suelta a la bravura,

superemos la gloria del torrente

y que el gozo nos lleve donde quiera.

 

EL AVIADOR IRLANDÉS SE HIZO SILENCIO

 

¡Qué bien conoces tú la levedad del grito!

 

Iba a morir.

Lo supo

El Mayor Robert Gregory.

Se fue con sus palabras

a donde calla el eco.

 

Él fue ese árbol

que se cae en el bosque

donde no hay un oído.

 

Un ruido de emoción:

un miedo audible

sólo para sí mismo.

Un rugido de voces y motores.

 

¿Dónde el mundo?

¿Dónde los otros?

Sólo la tierra.

Y ese instante

que deja de ser tiempo

y arde

y quema

la soledad de un hombre.

 

Y un poema

más tarde.

Y un poeta

conjurando heroísmos en su boca,

en la palabra acróbata

de un Yeats aviador en la belleza.

Pero aún existe el bosque

donde no hay un oído,

sembrado de palabras,

las del aviador,

todas desamparadas caídas de su boca.

 

Así emprendiste tú

el viaje más íntimo

hacia la epifanía de la muerte.

Con dos alas y un sueño.

 

            NACIMIENTO

 

                        (A modo de declaración de amor a la palabra)

 

El grito de nacer,

inaudible en el júbilo

con que la vida siempre

recibe lo nacido,

se refugió hacia adentro.

Y nació la palabra.

Belleza y desventura.

Eco de los silencios de las cosas.

Pájaro del amor y de la muerte

que nunca nos libera

ni del amor ni de la muerte.

 

Ángel del labio,

superviviente de todas las catástrofes

y del adiós del cuerpo

enmudecido.

 

Inútil es buscar final para el relato.

Palabra:

la eterna inacabada.

 

 

 


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