Luis Antonio de Villena

 

 

Poemas del libro Afrodita mercenaria

 

 

 

HUSTLER

 

Largamente echado en el sillón,

todo lo contemplas con cansancio y gozo.

Y el sol se deleita en tu piel

de bronce, y el aire en tu cabello negro.

(Míralo moverse rumoroso en el viento.)

El agua detrás tuyo riela cadenciosa,

como invitándote. Luego amará tus

brazos alargados y tus piernas esbeltas,

y el oro de algún vello, fulgurante.

La adolescencia descansa en ti

y te adorna con fuegos cobrizos de

 belleza. Reluces, indolente y grácil,

largamente echado en el sillón,

como cansado, vegetal y vivísimo,

mirando pasar y haciendo que te miren.

                                                    (1974)

 

 

EL TEMA DE LA ROSA

 

 

Comentaban su muerte con escándalo.

El mal creció —decían— y se hizo incurable.

Pasó del recto al sexo, y se extendió

de allí al intestino. Debió de ser terrible.

Pero así acaba quien anda tanto por ahí,

con cualquiera, entregado a diario

a la peor vida. Así decían envidiosos viejos.

Y yo recordaba, en tanto, aquel maravilloso

cuerpo, henchido de juventud, bellísimo,

la grácil armonía del torso y el frágil

vigor de aquellas piernas. Recordaba

el bozo, la saliva, los labios, la mejilla...

Y al recordar no condenaba en absoluto.

Juzgaría —pensé— que es efímera la vida

(como tantos han dicho) y que el ardor

y la belleza del cuerpo en juventud apenas

dura... Así pensé, y lo entendí enseguida.

                                                           (1976)

 

 

MAGIA EN VERANO

 

Me recreo ante tu cuerpo como ante un paisaje

imprevisto. Me sorprende verte en la desnudez juvenil,

y ansío recorrerlo, como una anhelada geografía.

Me ves pensando en la umbría vegetal de algunas

grutas, o en el agua del muslo donde brillan las venas.

Me perderé en un bosque que cruzo con mis manos,

y pediré una larga estepa donde los labios hablen.

Me ves sorprendido, anonadado, pensando en habitarte.

Y tú, mientras, te abandonas al cálido primor del aire.

Te dejas en la luz, que te navega; y si miro tus ojos

vuelvo al jardín oscuro donde es verano el verde.

Te miro otra vez y casi no te creo posible. Fulges,

encantas, guarda tu cuerpo el hechizo insabido de la tierra.

Y despacio sonríes al irme yo acercando, atónito,

hacia ti mientras el sol nos cubre con su luz, nos desdibuja,

y nos va metiendo en la calma inmensa y rubia de la tarde.

                                                                                 (1976)

 

 

 

(Afrodita mercenaria está disponible en NOVALIBRO: http://www.novalibro.com/portal/poesia/index.jsp)