FERNANDO MENÉNDEZ: UMBROSO BOSQUE (texto)

FERNANDO DÍAZ: CUATRO ESTACIONES(dibujos)

 

Del mundo

                             me abandoné a vuestra noche

                             creyéndome perenne luz

Del bosque

                             en duda de nacer humano

                             oí en mi entraña tu voz

Del mundo

                             desperté en la soledad

                             en la intimidad de mi dios

 

Del bosque

                             me dejaste como un enigma

                             en el destino de los hombres

 

Fernando Díaz: Cuatro estaciones 1

 

 

        El rastro zizagueante de la lagar-

tija, la hojarasca no hollada, se abre al

laberinto de los helechos. El aliento

boscoso, duende de los hongos, anun-

cia el pedestal de columnas vertebra-

das que se levantan y sostienen la cú-

pula del templo de la caducidad.

 

Fernando Díaz: Cuatro estaciones 2

 

 

       Un claro del bosque sorprende un

trozo de cielo y de tierra para inmolar y

entonar el salmo del silencio: un la-

mento circular del viento sagrado. Una

penumbra de líquenes enmohece las

copas de los árboles y sus cortezas ru-

gosas para cubrir y ocultar la savia del

bosque: la poesía que queda todavía

bajo los árboles.

Fernando Díaz: Cuatro estaciones 3

      El lenguaje del bosque es un código

umbrío de signos verdes y húmedos que

se descifran cuando los rayos del sol

parpadean sobre los taludes espesos de

árboles que bordan de leyendas mági-

cas los linderos del bosque odorífero.

 

     Fernando Díaz: Cuatro estaciones 4

Del bosque

                              un canto femenino

                              que se agrieta en el hombre

Del hombre

                              en duda de nacer humano

                              oí en mi entraña tu voz

Del bosque

                              un bordado de luz

                              en la piedad del ojo

 

Del hombre

                              un sotobosque espeso

                              que se pliega en verso

 

 

 

        El ser, sin espacio real en la natura-

leza, desolcultado por las glorias y las 

miserias, busca, ciego de temblor, ocul-

tarse en el bosque: su exilio del mundo 

de los rumores jamás escuchados.

 

Fernando Díaz: Cuatro estaciones 5

        La majestuosa pupila del milano

vislumbra el corazón del bosque ro-

deado por la intimidad de sus arbustos

seniles, como un ramillete fluorescente

contempla la imagen del hombre desterra-

do de su paraíso peregrinando por

las altas cumbres de nieve.

 

Fernando Díaz: Cuatro estaciones 6

    El bosque, de tanta soledad entre

tantos troncos, estalla en flores y en 

zarzas, filtros que tamizan la luz, purifi-

can los aromas e interpretan los rumores

en puras formas que ya no se conocen ni

se meditan por el humano deseo.

Fernando Díaz: Cuatro estaciones 7

 

De la naturaleza

                              del todo y en la nada he sido creada

                              para camuflarme entre los hombres

Del bosque

                              el embate del tiempo ha arrancado

                              de tu origen parte de mi sueño

De la naturaleza

                              inmóviles permanecen mis fuerzas

                              en el amor y eternas en el odio

 

Del bosque

                              la música del espacio deviene

                              al eco inquieto del temblor humano

   

Fernando Díaz: Cuatro estaciones 8

 

       La naturaleza  deviene en saltos

cósmicos destruyendo la maleza y

creando el hangar frondoso de troncos

pétreos y de helechos sagrados. Y

emerge el silencio de entre la maraña de

lianas buscando la luz de su origen ar-

cano, extraviadas en la caducidad de la

naturaleza.

 

       Se cansa el bosque de amontonar

las hojas caducas, las ramas carcomidas

y los troncos destruidos por la miseria

del tiempo. Se cansa el ser de decidir

entre la vida y la muerte, y la naturaleza,

con sus rimos incesante sobre el

sueño humano-vegetal, asume la armo-

nía dolorosa de ser y no ser cobertizo

humano del tiempo.

 

        Dicen que sin árboles no hay bos-

que, que sin ocultación no hay enigma.

Y el hombre es un intruso en la noche

del bosque. Y la naturaleza es un

magma incandescente en el canto de

los dioses.

 


 

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