Pero en un solo instante se ha cerrado la noche;

crecen las sombras, y es invierno, y llueve,

y no hay nadie en mi casa.

Eloy Sánchez Rosillo

 

 

Los besos más rendidos

tienen al apurarse

un gusto amargo de mortalidad.

Luis Landero

 

 

 

A         AUSENCIA

B          BESOS    

C          CUERPO

D         DISTANCIA  

E          ESPEJO  

F          FANTASMAS    

G          GEOGRAFÍA     

H         HISTORIA 

I           INFANCIA   

J           JUVENTUD   

L          LÍNEAS 

LL       LLUVIA 

M         MANOS  

            MAR       

            MIRADA

N         NOMBRE    

O         OSCURIDAD 

P          PASADO 

            POESÍA   

            PROMESAS 

            PUERTAS.

Q         QUIEBRA

R          RECUERDO

S          SILENCIO  

            SUEÑO   

T         TIEMPO

            TRAVESÍA

U         UNIÓN   

V          VIDA      

            VOZ        

Z          ZODIACO              

 

 

 

 

 

AUSENCIA

 

Qué poco dura

la huella de una página

o el sabor de un verso,

o el saber de tan débil arquitectura;

poesía;

mezcla de tejidos y piel y memoria,

alquimia de fluidos y sangre y fotos y nada

sobre la palma inerte de esta hoja

que mide su tiempo

en ausencias al cuadrado.

 

 

BESOS

 

Te pierdo.

A cada segundo

el olvido me borra un poco más de ti,

como un ejército de cenizas que invadiese

el mapa de tu rostro,

nublándome con su estéril manto

cada una de las palabras

que un día me dijiste,

hasta que, al fin,

no queda más que un frágil susurro

de lo que fue tu voz

en mi memoria.

 

Te pierdo,

y cada segundo sin ti

me duele una hora,

y cada hora,

la vida entera.

Tu rostro se desvanece,

y ya no queda ni un trozo de piel

sobre el que aferrarme en sueños,

y al irte así,

tan lentamente,

tan gota a gota,

me dejas, al fin,

unos besos sin boca,

un cielo sin alas.

 

 

CUERPO

 

Y aunque parezco un hombre como tantos otros

y el aire que respiro

parece ser suficiente para llenar mis pulmones

y cobrar vida,

en realidad, vida,

no soy más que un paisaje de ropas

al que le falta tu cuerpo.

 

 

DISTANCIA

 

Podría ser esta ciudad,

todos los edificios muestran

el mismo rostro de abandono

bajo la lluvia.

 

Podría ser Buenos Aires o París o Roma.

Podría ser Madrid

o Valencia bajo un aguacero.

 

O podrían ser tus ojos

mientras me observas,

la luz de la mañana

al reírte,

el contacto casual de tus manos

bajo las sábanas.

 

Pero también podría ser esta ciudad,

esta lluvia indecisa que quisiera ser río

y arrastrarme como una hoja sin voluntad

al mar de tu presencia,

o esta absurda calle

que se abre ante mí

vacía de memoria.

 

Podría ser

el peso de la distancia

cuando lleva tu nombre.

 

 

ESPEJO

 

Frágil como un pequeño espejo,

el tiempo resbala por nuestras manos

con la inocencia de lo que no perdura

y estalla contra el suelo

y se hace memoria.

 

Una pareja sale del hospital

y se abraza. No hay amor

en sus rostros.

Lloran.

 

Lloran a pesar de la gente que pasa,

a pesar de este sol de agosto

que abrasa

y que en sus ojos

se congela.

 

 

FANTASMAS

 

Hoy he dejado abierta la nostalgia

a los fantasmas,

mis seres más queridos,

por si en mitad de la noche

deciden regresar

a enturbiar mis recuerdos,

o a desvelarme el sueño

con preguntas que ya no sé responder,

que ya no importan.

Han entrado con sigilo

y han desempolvado

el rostro de mi infancia,

el camino aquel

que nunca recorrimos juntos,

una noche de agosto

en que no te besé

y agosto se perdió por siempre.

Mis fantasmas ,en fin,

han ordenado mis errores

según las fechas,

porque a ellos les gusta

remover los recuerdos,

hurgar en las derrotas,

agitar mi mundo.

A mí, de algún modo,

también me tranquiliza su presencia,

observar como recogen mi ceniza

con fervor de centinela,

esparciéndola aquí o allá,

haciéndola, de nuevo, sensible.

Agradezco que durante tanta eternidad

hayan convertido en novedad

lo resignado.

 

 

GEOGRAFÍA

 

No necesito bellas sirenas

deslumbrantes y desnudas

que conduzcan con sus cantos de espuma

mi débil embarcación

hacia las rocas:

yo solo me basto

para fracasar en el intento.

 

Navego con un trozo de mar

bajo los brazos, con una llave de salitre

que abre mi infancia

y me roba el sueño,

recojo con celo los pedazos

de geografía muda

que a modo de piel

he ido perdiendo con los años,

y giro hasta esa coordenada como un remolino enrabietado,

como un niño atolondrado

que no sabe de derrotas,

o como un globo terráqueo

en una clase de ciencias

que rueda sin control mesa abajo

y llena el suelo de países y de espuma,

de espanto y carcajadas.

 

 

HISTORIA

 

Él le cuenta falsas historias,

viajes que nunca sucedieron,

y le susurra al oído

cuánto la quiere,

mientras ella juega con sus anillos

tímida y nerviosa.

 

Ella mira apasionadamente

su boca carnosa,

y se deja seducir

por el cálido movimiento

que producen sus labios al moverse.

Le confiesa

que al llegar la noche

le mostrará su secreto.

 

Y él le susurra al oído

que nunca dejará de amarla,

que siempre la llevará entre sus venas;

y se estrechan las manos con más fuerza,

y bajan las miradas con vergüenza,

y se besan, y sonríen,

y de eso hace ya

miles de años.

 

 

INFANCIA

 

De mi infancia, sin embargo,

no albergo memoria alguna,

de tal modo que jamás

fui niño.

La vida tiene, al fin,

este modo perverso

de vengarse de nosotros.

Para reponer el hueco

de ese órgano sin vida

construí un niño semejante a mí,

con mis ojos y mis miedos,

un niño de papel

teñido de recuerdos

que otros me han contado.

Tuvo una infancia feliz –aseguran-,

así que le dibujé una cicatriz

a modo de sonrisa,

lo invadí de amigos que no perduraron,

lo rellené de sentimientos que no recuerda.

 

A veces me levanto

con las manos salpicadas de años

y de ausencias y de derrotas,

agarro entonces mi muñeco infantil

como si fuera un madero en mitad del abismo.

Intento sobrevivir,

nadar con rencor hacia una playa

y, al llegar,

dibujo sobre mi rostro una sonrisa resignada,

una larga y oscura cicatriz

que viene a salvarme de lejos,

una larga y oscura cicatriz del tiempo

que el tiempo no borra.

 

 

JUVENTUD

 

Esta blanca noche de verano

se desvanece lentamente hacia la nada;

se desvanece y ya

no volverá a ser nunca.

 

Apenas el recuerdo podrá

derribar una puerta,

esculpir un espejo de sombras

sobre el que dibujar

-equivocadamente-

tu rostro y tus manos,

el acantilado aquel

donde nos hicimos mar,

el preciso instante en que,

jóvenes y nerviosos,

nos supimos,

pero no retornará con él

el aroma cálido de tu piel,

la quietud de tus huellas

sobre mis huellas,

el vértigo húmedo de tus labios sobre mi boca.

 

Ya no quedará nada;

el día de mañana

se alimentará de las cenizas de hoy.

Mudos quedarán los veranos venideros,

como un soplo de frío

estancado en mitad de mis sábanas.

Intentaré esculpir tus ojos

a golpe de recuerdos y fotografías,

intentaré recuperarte

desde esta lejana derrota de labios muertos,

de versos muertos,

de palabras y besos

sin retorno.

 

 

LÍNEAS

 

A la orilla de la carretera

hay amapolas

y campesinos recogiendo fresas

en una huerta cercana.

 

Hay gravilla y margaritas,

cristales rotos.

 

Hay líneas continuas y discontinuas

-a la orilla de la carretera-,

hay amigos por llegar, días futuros,

hay distancia y vacaciones en el mar y regresos con regalos.

 

Hay un ramo de flores, hay amapolas.

 

Hay líneas continuas y discontinuas,

días futuros. 

 

Hay amigos que nunca llegan.

 

 

LLUVIA

 

Ha comenzado a llover,

calladamente,

como si diciembre amenazase con perdurar por siempre

entre nosotros.

Las calles se han salpicado de nombres propios,

de recuerdos que discurren, como el agua,

recuerdo abajo.

Tal vez por eso,

hoy he rememorado mi infancia,

las páginas repetidas del pasado,

una noche frente al fogón,

calado de ingenuidad hasta los huesos,

escuchando sobre el tejado de pizarra

este mismo sonido monótono de la lluvia

golpeándolo todo,

regresándolo todo,

reprochándolo todo.

 

 

MANOS

 

Tomaste mi mano entre la tuya

de un modo casual

e inocente,

y, lentamente,

nos fuimos alejando del grupo,

unidos de ese modo invisible

en que dos

son uno.

 

Ocultos entre los almendros

buscamos la complicidad

de las miradas.

Yo, por un instante,

creí en la vida,

en el amor a pesar de los años.

Tú sonreías.

 

Alguien, tras varias horas,

vino a buscarnos,

y separamos las manos

con el vértigo doloroso

con que se separa

el sueño de la vida.

Volvimos a vernos en días sucesivos,

pero ya el aire

era distinto.

 

Fue hermoso. Aún lo recuerdo;

apenas unas horas para el mundo.

Tus manos, sin embargo,

aún acarician las mías en recuerdos,

como si tus huellas

quedaran ancladas a mis huellas,

como si no se hubiesen sucedido, al fin,

los instantes, las olas y los siglos.

 

 

MAR

 

Porque el mar,

con su constante precisión de olas imparables,

viene y va,

se aleja o regresa,

resuelve su singular lejanía

con unas palabras de espuma

que bajo el sol

se desvanecen.

Ese mar que alimenta fantasmas y retornos,

ese mar que alimenta buques con pesadas cargas

y caracolas en las manos de un niño,

ese mar que desencadena tu rostro y mis labios,

tu noche y mis miedos.

Yo, inútil marinero

de rocas en la orilla,

siempre quise comprender el mar,

su memoria azul,

su mirada de vigía, la latitud

de esos puertos donde descansar

la atormentada vida,

fatigada por salvar

unos pocos restos del naufragio.

Porque el mar, el siempre mar,

es el lugar de todos los puertos

y solo uno,

es el oculto oleaje

donde a un hombre le es devuelta, al fin,

la voz de ese niño

sumergido

en lo más profundo de la memoria.

 

 

MIRADA

 

Te miré a los ojos

y tú

respondiste a mi mirada

como si ya me supieses

de otro tiempo.

Durante aquel instante

nos amamos,

nos cubrimos el uno al otro

de besos,

escribimos nuestros nombres

sobre la arena de la playa,

tuvimos miedo a perdernos

y nos abrazamos,

y nos hicimos promesas

que perdurarían

eternamente,

y como el tiempo

-a pesar de su ceniza-

no puede borrar

aquello que se ama

tan apasionadamente

yo aún permanezco allí,

en mitad de la plazuela,

mirándote a escondidas

mientras me observas,

perdido ya por siempre

en lo más profundo y lejano

de tus ojos.

 

 

NOMBRE

 

Yo aquí, tan lejos,

ocupado en llenar de piel

esta cama sin calor

desde hace días,

odiando sin cesar a esta bombilla

que, a veces,

amenaza con privarme de luz,

como si pudiese con ello

cegarme tu recuerdo.

 

Yo aquí, tan solo,

deseando –como el sol- amanecer

para que la noche pase pronto,

y ahogarme en el bullicio de las calles,

de los cafés, de las aceras,

para ver si de ese modo

el orden de la rutina

me arranca, al fin,

tu nombre

de mis labios.

 

 

OSCURIDAD

 

          A veces la gripe o la garganta venían a salvarme de un día de escuela y de un maestro con joroba que tuve. Mi madre me preparaba entonces una taza de leche caliente con miel y unas gotitas, bajaba las persianas de mi habitación con sigilo, como cuando moría alguien, y colocaba en mi mesilla un viejo transistor a pilas de color anaranjado.

         Una de aquellas mañanas dieron por la radio la muerte de Jonh Lennon. Yo escuché por vez primera una canción de Los Beattles, mientras la fiebre luchaba por borrarme el mundo de los ojos.

         Mi madre murió una mañana de Agosto. El sol entraba con violencia a través de las ventanas. Mi padre bajó las persianas, y el silencio, la oscuridad, iluminaron de pronto objetos que antes parecían no existir y que, aún hoy, siguen en esta casa conservando sus huellas.

         Desde entonces, siempre que alguien me la nombra o que Agosto se enturbia en fecha señalada recuerdo aquellos días de fiebre de mi infancia, recuerdo a mi maestro con joroba, a Los Beattles, a Jonh Lennon, y abro con premeditación y alevosía –disculpen las molestias- las persianas.

 

 

PASADO

 

Si Dios me diese la oportunidad

de regresar a mi pasado,

no guardaría tantas lágrimas

ni tantos besos.

Salpicaría todas las mañanas con un verso nuevo

que llevarme a los labios,

me dejaría navegar salvaje

donde antes me atenazaba el miedo,

no amagaría aquel abrazo

que se perdió por siempre

en lo más profundo del reproche.

Invadiría más a menudo tus noches

y tus sábanas,

asaltaría tu sonrisa

para instalar mi bandera.

No te dejaría marchar jamás

de mis sueños, de mis miedos, de mis derrotas.

 

Si Dios me diese la oportunidad

de regresar a mi pasado,

correría hacia él con más fuerza

para que el tiempo,

el siempre tiempo,

no pudiese reconocerme,

para que yo, al fin,

no pudiese recordarme.

 

 

POESÍA

 

Después de varias copas,

de humo de cigarrillos, risas,

alguien me preguntó

inesperadamente

¿qué es para ti la poesía?

Contesté que, si bien,

no creía en definiciones,

la poesía se semejaba más a una enfermedad

que a una ciencia.

Hablé de rimas, de locuras y de autores.

Mentí.

Mentí, dolorosamente.

La poesía no es más

que esta lucha desigual

contra lo que nos hace el tiempo,

esta manera de recordarte

a todas horas,

el único modo de retenerte

en el instante preciso,

sin futuro ni pasado,

junto a mi, eternamente.

Es este modo de perderlo todo

a manos llenas.

 

 

PROMESAS

 

Pienso que, al fin,

no sería tan difícil

despojarme de tu voz,

de tus manos entrelazadas en las mías

como buscando entre mis dedos

una promesa que nunca te hice.

No resultaría tan difícil olvidar

la urgencia nocturna de las sábanas,

tu cuerpo y el mío como frases agitadas

aguardando unos labios que las nombren,

buscándonos entre sujeto y predicado

un verbo que nos hiciera imprescindibles.

Pienso que, al fin,

no sería tan difícil dejar las cosas

tal como fueron;

tú y yo,

en una habitación sin muebles ni pasado,

aguardando el alba,

desnudos,

sin hacernos daño.

 

 

PUERTAS

 

Esa ceniza gris

que invade los objetos,

esta mano varada en mitad de la mesa

aguardando tu mano,

esa latitud sin voz

que son las fotos,

esos espejos que ignoran

lo que fuimos,

esta pluma sin sangre

en las venas,

este folio blanco

como el mar de los muertos,

esta risa sin ti,

este día de luna llena.

Todo esto y otras cosas;

los años imparables contra las rocas,

el sabor de las puertas

al cerrarse.

 

 

QUIEBRA

 

Tu recuerdo es

un hilo del que cuelga mi vida.

Sólo cinco dedos me sujetan.

Qué dulce y dolorosa es, amor,

la caída.

 

 

RECUERDO

 

A veces era domingo

y llovía.

A veces oscurecía de repente

y las casas encendían sus luces

al fondo de la noche.

En una de aquellas luces

yo te imaginaba;

imaginaba tu habitación

llena de peluches,

tus juegos de cartas con olores,

te imaginaba tendida sobre tu cama

escribiéndome cartas de amor,

dibujando corazones rosados

que contenían mi nombre,

y como la imaginación es perversa

y no sabe de derrotas,

te imaginaba a ti

imaginándome a mí

del mismo modo.

 

A veces era domingo

y llovía.

Por las noches emitían

un programa de radio

de canciones dedicadas;

“Música y Estrellas”.

Al principio de cada canción,

la locutora leía

las dedicatorias.

Nunca escuché mi nombre.

Y aún así, programa tras programa,

derrota tras derrota,

yo te imaginaba

escribiendo apasionadas cartas de amor

que contenían mi nombre,

y albergaba la esperanza

de que algún día

la locutora

las leyera.

 

A veces era domingo

y llovía.

A veces el desánimo me hundía

en la más oscura certeza.

Entonces,

miraba desde mi ventana

las luces encendidas que brillaban

al fondo de la noche,

y te imaginaba en tu habitación

llena de peluches,

escribiendo apasionadas cartas de amor

que contenían mi nombre,

y como la imaginación es perversa

y no sabe de años y de derrotas

aún me imagino a mí

imaginándote a ti

del mismo modo.

 

 

SILENCIO

 

Callabas .

Bajo la blanca noche de agosto

temblaban estériles y ausentes

las sombras de nuestras figuras,

como el rumor del viento

que nacía de los árboles

y moría en nuestros labios

sin decir nada.

Una bandada de pájaros negros

cruzó por nuestros ojos,

sin saber a dónde ir,

dónde esconderse.

Me invadió un aire frío,

un llanto de cenizas.

No supe que decirte.

Tú te alejabas.

Ladraban unos perros

al fondo de la noche.

 

 

 

SUEÑO

 

En esta alargada sombra

en que deriva la vida

aún queda un trozo de mar

azul e inmenso

en el que podemos soñar

que donde se extinguió el amor

aún quedan frescos los labios,

que donde secaron los labios

aún permanece,

húmedo, fresco y rosado,

el roce de su poesía.

 

 

TIEMPO

 

Insisto en perdurar,

como la huella de un pie

que graba su tiempo sobre la arena,

pero el futuro,

vengativo y minucioso,

no cesa de borrarme una y mil veces

con su cruel sucesión de minutos

y de olas.

 

 

TRAVESÍA

 

Hablamos y reímos.

Por dentro de la piel

también lloramos.

 

El mar quedó

salpicado de palabras.

Era inútil ahogar tanto pasado

en la brevedad tan frágil

de aquel instante.

 

Pasaron las horas,

y, al fin, no fue el tiempo quién venció

sino el alma.

Era hermosa la tarde,

era hermosa la travesía y el mar,

y era hermoso navegar

con tu sangre a mi sangre

tan cercana.

 

 

UNIÓN

 

Lo peor de estar sin ti

no es que tú no estés aquí,

a mi lado,

llenando mi espacio

con tus huellas;

lo peor de estar sin ti

es no saber

si en este preciso instante,

estás pensando en mí

como yo pienso,

te está doliendo este dolor

como a mí me duele.

 

 

VIDA

 

Un perro camina hacia mí,

lento y hambriento.

Camina receloso y cabizbajo,

clava sus ojos sobre mi miedo

y comienza a olerme de norte a sur,

de mi infancia

a mi presente.

Mueve su hocico frenéticamente

como si pretendiese

extraerme el aroma

o arrancarme el alma.

Me muestra sus dientes,

su rabia,

su violencia.

Me deja temblando y se va.

Como la vida.

 

 

VOZ

 

Siempre he sido débil,

inútil para descifrar el mundo,

para mantener creencias

que me tuviesen en pie,

firme frente al viento.

A veces dudo,

y suelo cometer la locura

de creerme

sólo si tú me nombras,

como si tu voz

fuese el sol

y yo la niebla.

Tan solo eso me bastaría

para creerme;

introducirme en tus noches,

observarte mientras te pones el pijama

o recoges tu ropa,

mientras apagas la luz

adormilada,

y saber

si alguna vez,

aunque sea sin querer,

aunque sea equivocadamente,

si alguna vez

me nombras.

 

 

ZODIACO

 

Brillan unas luces al fondo

y yo te imagino;

me introduzco furtivo entre tus sábanas

y sueño

soñarnos juntos.

Tú me abrazas con fuerza.

Yo juego con las letras de tu nombre

mientras las susurro

y las beso,

y así, serenos e inocentes,

aguardamos que llegue el alba.

Entonces tú

te alejas.

Yo recojo con fervor

el aroma de tu piel

sobre mis huellas.

El sol se alza en los tejados;

su rencor

me abrasa los sueños.

Me quedo observando el lugar

donde ayer

brillaban las luces,

y aunque me pongo en pie

y echo a andar

y giran los planetas

no soy yo quien camina

sino una sombra

de tu sombra.

 

 

Esta edición de Diccionario de derrotas

de Toni García Arias, realizada por Portal 

de Poesía, ha sido colgada en la 

Red en el primer día

del mes

de julio

del año 

dos mil

cuatro .