ROSANA POPELKA

 

Cuando nací me pusieron

 

 

 

LA PIEZA

 

Cuando nací me pusieron

una pieza de Lego

en mi mano

con una nota que decía:

sólo hay otra pieza

- de entre un millón -

 que pueda encajar con la tuya,

podrás encontrarla

a lo largo de tu vida,

o no.

Esa pieza

está hoy a mi lado,

eres tú.

 

  

MIS VECINOS

 

Recuerdo a todos y a

cada uno de mis vecinos.

No sé sus nombres

pero sé cómo pisan.

Sé que tienen miedo,

sé que son unos cabrones

que llevan una vida

miserable, y

que no salen de casa.

Que tienen un trabajo

embrutecedor, y mienten

cuando dicen que

les encanta.

Mis vecinos son

una condena permanente.

Sé que cuchichean a

mis espaldas tratando de

averiguar cómo vivo.

Sé que me vigilan

cuando salgo del portal,

que fisgan por la

mirilla para saber

si vengo acompañada.

Que pegan el oído

a la pared del salón

y me oyen cuando

hablo sola.

¿Cuántas veces habré

mandado a la mierda

a mis vecinos?

Sé que sus vidas

se han acabado

- por completo-

y yo,

no voy a hacer nada

para cambiarlas.

 

  

CUMPLEAÑOS FELIZ

        

Con mis amigas

todas juntitas

 -en los cumpleaños felices-

 nos bajábamos las bragas

y meábamos los tiestos del balcón,

meábamos todas las plantas,

hasta los infectos geranios.

Abajo, en la calle, la gente

nos insultaba,

nos llamaban guarras

y de todo.

Tocaban al portal queriendo subir,

y justo en ese momento

nos escapábamos a la

azotea, dejábamos a la

anfitriona sola,

medio llorando. Jurábamos no

hacerlo más,

pero mentíamos, por supuesto.

Subíamos a las mesas

y tirábamos las patatitas,

las aceitunas sin hueso,

los restos de coca-cola.

Y su madre decía:

“hay que emocionarse porque

lo dicen en las películas.

 No entendíamos nada de

todo aquello. Hasta que

un día la cosa fue de verdad;

salió su padre cabreado

y todos nos quedamos en silencio

mientras le escuchamos decir:

“Sergio, coge tus cosas que

vamos a hacer

la comunión”.

 

 

ESE ERA JACK

 

El principio fue justo,

milagroso.

Sólo buscaba  alguien que

me saludara

escondido detrás de la ventana.

Eso es todo; coger el coche,

escapar de la ciudad,

140 km/h

por la autopista

sin pensar en nada,

en nadie. 

Llegar a tiempo.

Desnudarme y meterme en la cama fría.

Y los gatos tiñosos,  tan  simpáticos.

Me salieron sarpullidos de tanto rascarme.

Sus tripas hinchadas - todavía lo recuerdo- 

casi reventadas.

 Pero envejeciste, 

te volviste agrio,

casi calvo.

No has dejado de ser un egoísta.

Te dije que te ibas a quedar solo

hablando con tus libros.

Y no esperes nada más.

No estoy inquieta,

estoy tranquila.

 A los hombres como tú que

no saben querer a una

mujer.        

Que no podrán follar nunca más

recordando la primera vez...

 No me has dejado ni una sola huella

sólo el vacío.

 Sé que aún estoy

lejos.

Sé que estoy sin

privilegios.

Pero también dicen que

el peor enemigo

es el que se mira

a sí mismo.

 Ahora  -por fin-

cogeré grandes

borracheras.

 Jack,  jodido calvo.

Tu cara de

psicótico.

 Tu imagen  dulce  -engañosa-

tus gestos afables,

empañados con gotas de

maloliente sudor.

No esconden más que

a un capullo con patas.

Tus andares desacompasados 

hoy me recuerdan 

a los primeros pobladores

de la tierra. 

 Eso es todo Jack, jodido

Jack.

  

 

POR ALLÍ SE VE EL DESIERTO

 

¿Qué significa la cuestión del dispositivo?

Entonces sí que no entiendo nada.

Creo en los comienzos

de una historia.

En una mesa amarilla,

teñida para asustarme.

En cuatro rotuladores;

verde, marrón, rojo y negro.

Creo también en los papeles

esparcidos sobre mi mesa,

y en la botella semivacía

que dejé olvidada no sé

cuando.

 Podía ser todo más fácil,

más humilde, más

sencillo.

Y quiero que te laves,

que seas bueno,

que no me interrumpas

si digo algo

incoherente.

Quiero que me

observes mientras

duermo.

¡Quiero un

acontecimiento

memorable de una vez!

Pero nada de chistes,

nada de muecas inútiles.

Olvídalo.

Esto es lo verdadero:

Gestos

Palabras

Trazos y

Pompas de jabón.

 

 

VIAJANDO POR LA AUTOPISTA

 

Los viernes por la tarde

en la autopista de la Y griega

siempre hay colapso.

Y ahora han puesto neones

que indican el número de

muertos que hubo

tal día como hoy

hace un año.

53 MUERTOS EL 15 DE OCTUBRE

DE 2003

–dice un luminoso-.

 Y me da por pensar,

hoy que es viernes

y que voy por la autopista

de la Y griega,

en muchos de esos

53 que salieron despedidos

de sus coches a través

del parabrisas,

o que se quedaron

atrapados entre los

hierros, o peor aún

tetrapléjicos para siempre.

  

 

LA  NOTICIA 

 

El telediario; la voz cansina del presentador

agonizando por la 2.

Y las vocecitas de los muñecos infantiles

que dan las buenas noches

a los niños menores de doce años.

Que esta noche, como todas las

demás, volverán a tener pesadillas.

Se agitarán sudorosos en

sus camas soñando con arañas

de 15 patas que atraviesan la habitación

remando en una canoa

con indios medio borrachos,

o en pozos, donde al final

siempre espera un dinosaurio.

Y a unos metros más allá

en la habitación de al lado

los vecinos discuten:

-Tú,  te quedas con los niños, y yo, me quedo sola.

¿No te gusta esa idea, verdad? –dice ella.

Y siguen hablando del poco tiempo libre,

y del trabajo, y de la colada que se acumula.

Después ella

se echa a llorar, como exhausta.

Oigo un portazo

que hace temblar

toda la casa.

 Enciendo la televisión,

aparece el presentador del telediario,

con su voz cansina

agonizando por la 2.

Pero esta vez me quedo helada cuando

le oigo decir que

Superman,

el auténtico Superman,

ha muerto.

  

 

PEQUEÑAS COMODIDADES

 

Yo soy

mi propia secretaria

mi propia

cocinera

mi propia

modista.

Yo soy la que

escribe mis poesías

y mis relatos.

No tengo

ningún ayudante

que haga mis recados,

que ordene mis papeles

que ponga al día

mi trabajo,

que mande los

correos electrónicos,

que conteste a mis mensajes

o que hable

con quien haya que hablar.

 Soy autosuficiente

y voy a seguir

siéndolo,

soy una mujer, ¡vale!

  

 

ACERCA DE LA VERDAD, ACERCA DE LA FELICIDAD

 

Ahora que

no estoy contigo,

que no estaré

contigo nunca

más,

es bueno que

te diga varias cosas:

te engañé

un montón de veces

con algunos hombres

mucho más jóvenes

que tú

porque sabía que

eso era lo que más

te dolía,

y lo volvería a hacer

créeme

-te lo aseguro-

que fue uno de

los momentos

más felices de

mi vida.

Cuando esos hombres

me abrían la

puerta, y me

hacían pasar

a la habitación

y nos desvestíamos

con impaciencia.

Entonces me quitaba

la camiseta negra,

¡aquélla, sí!

y el sujetador.

Algunos me decían:

“espera, déjate un

instante las bragas

puestas”.

Y nos besábamos

con pasión,

era auténtica la

pasión.

Fuera

en el patio de

la casa

se oía a una mujer

batir los huevos cerca del

televisor.

Y volvíamos a besarnos

con ardor

aplastando

lo que quedaba

de nuestros cuerpos.

Algunos huesudos

cuerpos, otros

debilitados,

o rasurados

qué más da.

Y mientras tanto

pensaba cómo te

sentirías de haber

sabido

todo esto.

 Pero siempre

he tenido buenas

coartadas

¿aún las recuerdas?

Nunca sospechaste

que todo

aquello era

mentira,

que lo que verdaderamente

hacía era

engañarte con

hombres mucho

más jóvenes

que tú.

Y esa

-te lo aseguro-

fue la época

más feliz de

mi vida.

  

 

UNOS DEL 38,  POR FAVOR

 

Qué hubiera ocurrido

si todas esas

niñas bien

de apellidos

compuestos,

de cabellos

claros y ojos

azules

se hubieran

dado cuenta

a tiempo

de que

ningún hombre

las salvaría.

Ahora no estarían

llorando por las

esquinas,

ni sentadas en

los bancos del

parque

en mitad del

invierno

dando de

merendar

a sus hijos

con ese ridículo

corte de pelo.

No las vería

-como las veo-

acobardadas

por la calle

-decepcionadas-

mirando tras

el cristal de un vulgar

escaparate

aquéllos zapatos

de tacón negros.

Tienen que ser

aquellos -reclaman

al dependiente,

que les vuelve a sacar

un 38.

O en el supermercado

arrastrando

el mismo carro

por tercera vez

esta semana,

y la lista de la

compra,

casi desgastada,

colgando de lo que

fueron sus manos blancas.

O mientras esperan

el semáforo

y cruzan la calle

ocultando su

despreciable

vida,

haciendo tiempo

en la peluquería...

Qué hubiera

sucedido si

no se hubieran

creído las

Supernenas

persuadidas

por cuentos de hadas

o por las finas revistas

de papel couché.

¿Qué fue

de todas ellas

de sus pequeños dioses

de sus altares

prefabricados?

 

 

REGALO CON SORPRESA EXTERIOR

 

Quería darle

una sorpresa,

así que para su

cumpleaños le

regaló un seat

850, año 73.

Mi amiga estaba

entusiasmada y

como agradecimiento

sacó el carnet de

conducir y se

volvió dócil.

Ahora se

dejaba follar por

las mañanas,

justo al

amanecer, aunque

detestaba

esas erecciones

matutinas, y

los tipos de ese

calibre que

despiertan a

las chicas en

mitad de un

sueño.

Pero mi

amiga

-normal-

se hartó de

copular por

las mañanas

y devolvió

el Seat 850

del año 73.

Pero antes de

eso lavó el

coche, lo

dejó reluciente

y se lo puso en la

puerta,

en la mismísima

puerta, a

su dueño.

Desde entonces

mi amiga supo que

no habría más

erecciones

matutinas de

individuos

de ese

calibre, ni tampoco

más Seats

850, del año

73.

 

 

SINCERIDAD.

  

¡Qué cabrón

era Mick!

Decía que no

quería acostarse

conmigo porque

estaba gorda.

No estaba gorda,

Mick,

estaba embarazada.

 

 

EL MISMO DISCURSO

 

Conozco a un tipo

bastante vulgar, que

dice ser un

buen padre.

Es de esos que

se levantan

y trabajan,

aunque sólo para

medrar

un poco más

en la escala

social.

Una vez en casa

se vuelve cruel, duro

y egoísta, 

y también amenazador.

Para él no existe

el término medio

“o estás conmigo,

o contra mí”.

He dejado,

hace ya mucho

tiempo,

de creer

en sus discursos

-impecables discursos-

Y ese mismo tipo

es el que ahora

intenta lavar su

imagen

comprándoles juguetes

a mis hijos

mientras busca

su autoestima

en mujeres que

lo engañan,

lo desprecian.

Aunque él

-yo lo sé-,

se siente guapo

se siente orgulloso

de ser un buen

“macho”.

Y ahora estoy

aquí sentada

pasando página,

tratando de

olvidar a ese

tipo desalmado

intolerante,

déspota.

Estoy aquí sentada

 y veo  el final;

el de un

auténtico fracasado.

 

 

La presente edición de

Cuando nací me pusieron,

de Roxana Popelka,  ha

sido depositada en la Red

a los  doce días andados 

del mes de  abril

del  año 

dos mil

cinco

.

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