Francisco Álvarez Velasco 4/4

 

 

 

IV. Epílogo

 

 

 

 

 

Pasan las buenas gentes,

los que no tienen parte en la palabra,

y buscan sus rincones.

Preferirán hablar a solas por su sueño,

remover las escorias,

confortarse en las ascuas que les restan

diminutas (¡no importa!),

vivas ascuas que palpan por su pecho.

 

¿De qué les va a servir,

ordenados frente a hogueras gloriosas,

que les muestres palabras en filas destellantes,

llamaradas efímeras

que ni siquiera duran cuando vuelves

la página y son fría ceniza ya olvidada?

 

Pasan las buenas gentes

y vanse a su silencio

y vanse hasta la orilla del fuego que les queda,

donde un tiempo pausado se consume y no fluye

incesante sonido por las ascuas.

 

Pasan las buenas gentes,

y abrigan su ternura muy adentro.

Allá, en su propio pecho.    

 

 


 

En los talleres

de Gráficas Apel de Gijón,

acabóse de imprimir el libro

Del viejísimo jugo de la tierra, número

ocho de la colección Deva del Ateneo Obrero

el día 21 de junio del año mil novecientos 

noventa y ocho, «cum frumentaria in uiridi

stipula lactentia turgen».

 

 

La presente edición electrónica de Del viejísimo

jugo de la tierra tarde, realizada por Portal 

de Poesía, ha sido depositada en la Red

a los  veintiséis días  andados 

del mes  de diciembre

del  año dos 

mil uno