Basilio Sánchez

 

 

Diez poemas de Cristalizaciones

 

 

 

DERIVA

 

 

Inclinado como los porteadores,

taciturno como los que excavaron

su casa a la intemperie,

retraído como los que alejándose

del mundo convirtieron

su dolor en costumbre.

 

En la fragilidad de lo creado,

en el lugar de nadie entre la noche

y las ocupaciones de la noche,

sentado ante la mesa que separa

lo bajo de lo alto,

lo que se ha recibido de lo que se carece.

 

Quedarse o salir fuera,

decir una palabra o no decirla,

alimentar un fuego o apagarlo.

 

No hay nada razonable que no tenga una fuga.

El pensamiento avanza con su imagen

hasta el poema cojo.

 

 

 

CARTOGRAFÍA INCOMPLETA

 

 

La noche sin prestigio en el silencio

de un paseo de provincias.

Una luz encendida en la penumbra

de una escenografía desertizada.

 

Un misterio cercado por las contradicciones,

un secreto entrevisto,

el fraseo de lo humano ante el asombro

de lo que permanece sin sentido.

 

Las islas repentinas de una infancia evocada.

El universo entero en un frasco de Morandi.

El vaho de tu palabra en el espejo

sobre el que reinventamos el lenguaje.

 

Cuando sale a la calle, ¿qué puede hacer un hombre

que es consciente de sus limitaciones

y que además escribe

ante la expectativa,

afianzada en la noche, de enfrentarse

de nuevo con lo inmenso, con lo que desconoce?

 ¿Quién puede mantener en lo que dice

la solvencia de sus significados?

 

 

 

CORRESPONDENCIAS

 

 

Mientras llega la tarde con su peso

de cristal de Murano

y el horizonte traza a la altura del cielo de los ojos

la línea imaginaria del origen del mundo,

te paras a pensar que la existencia

mantiene entre nosotros

y las cosas con las que convivimos

una oculta cohesión; que hace crecer

a nuestro alrededor

un orden silencioso de pequeños afectos

en el que todo gira alrededor de todo:

un sistema perfecto, pero desmoronable,

tan insustituible como frágil.

 

Es por eso, quizás, por lo que ahora,

mientras llega la tarde, arrodillándote

como los paleontólogos,

inclinas la cabeza y te incorporas

de nuevo a tus asuntos como si nada hubiese sucedido.

Resuelto a ser paciente,

a no desdeñar nada por insignificante.

 

  

 

BAJO LA LLAMA AZUL DEL ALQUIMISTA

 

 

Heredero

de las caligrafías medievales,

el poema tiene que iluminar lo que la época

confunde u oscurece,

lo que es noche cerrada, superstición o miedo.

 

Sin embargo, el poeta

no es más que un alquimista

que hace de su dolor un linimento

para las torceduras del espíritu;

el chamán que suscita,

allí donde los hombres construimos

una pared o un muro,

la idea de una ventana, la ilusión de una puerta.

 

 

 

EL POZO

 

Si no somos ninguno de nosotros,

¿quién canta todavía en plena noche?

 

El saco de arpillera con el pan de los pobres,

el laboreo del óxido sobre las herramientas

condenadas a la inactividad.

 

En lo alto, las nubes

como los pensamientos imprecisos del mundo.

El corazón, un vuelo de polillas

en un bolso de lona.

 

Ninguna luz alivia

en las profundidades de los pozos

la clausura del agua,

no hay otro testimonio de la altura que el de nuestra caída.

Porque es lenta y callada y minuciosa

la gestación del daño,

el camino delante de nosotros

solo pone distancia, solo separación.

 

Aquí, en la convergencia de las aguas,

en el corazón desconcertado de los nadadores,

un gran ojo de ciego se abre en nuestras manos

y en silencio nos lleva.

 

La noche ha confiado su heredad a la noche. 

¿Quién canta todavía?

 

 

 

MATERNIDAD

 

 

Cada mañana, a solas,

antes de que regresen los bañistas,

de que empiecen a posarse los pájaros

sobre la arena fina,

puramente geológica,

que el aire de la noche ha ido cerniendo,

la vemos por la orilla recolectando conchas,

cristalillos pulidos,

escamas transparentes

que dejan en sus manos un rescoldo violeta:

la brasa aún no encendida

de esa forma sumaria de la luz con la que irrumpe,

desde sus fundiciones,

un sol recién nacido que bebe silencioso

de la leche del mar.

 

 

 

EL INCENDIO EN LA CASA DE LAS LÁMPARAS

 

 

Igual que en un incendio

el reflejo rojizo de los cubos

de metal para el agua

cruza de mano en mano la impiedad de la noche,

en su interior conservan las palabras

el relámpago de las herramientas

con las que las creamos.

 

Como el fuego

que el hombre primitivo hace brotar a oscuras

ante el bajorrelieve de una roca,

lo humano del poema

restablece en nosotros una lámpara.

 

La escritura es el cruce de dos intimidades

en el espacio de las cosas.

En su perplejidad irredimible,

las palabras nos dan lo que no tienen.

 

 

 

CUANDO ES NOCHE CERRADA

 

 

Como el árbol que se agita sin viento,

como la piedra blanca de la música

en la pila del día.

 

Como encontrarte solo en medio de la tierra

mientras el cielo extiende sobre ti el universo,

como poder de pronto

llegar hasta las cosas sin pensarlas

y sin necesidad de comprenderlas.

 

Cuando es noche cerrada,

cuando sin gradaciones ni matices

lo que existe se inclina sobre su inexistencia.

 

Cuando llega el momento

en el que el solitario, aleccionado

por las constelaciones, levanta la cabeza

y ofreciendo sus manos como en las viejas tablas bizantinas

hace caer su noche sobre el mundo

en señal de alianza.

 

Como segrega un hombre los cristales

de su melancolía.

Como pasa la sangre por el lugar exacto del poema,

por su sitio en el pecho.

 

 

 

FRACTURAS

 

 

Donde se desmoronan las ciudades,

junto a los sumideros,

los muchachos se entretienen jugando

con las llantas metálicas

que afloran en el agua como los promontorios

de un mar sin pretensiones.

 

En las salas comunitarias de los asilos,

las vísperas de fiesta los ancianos

siguen con movimientos de cabeza

el ritmo de la música

con la que se acostumbran a la muerte.

 

Acechante, sentado ante mí mismo

como un gato silvestre ante la puerta

cerrada de una casa,

en el jardín tranquilo que rodea al hospital

nadie me reconoce

mezclado con los locos.

 

 

 

SEMEJANZAS

 

Las luces de las casas

atraviesan las ramas de los árboles

como dardos en un puesto de feria.

Bruñida por la tarde,

cada piedra refleja su porción de universo.

 

Nuestra ruina hace hermosos

los viejos edificios,

sobre nuestros despojos se levantan las ciudades antiguas.

 

Como la rosa árabe

que el vaho de las palabras hace crecer a ciegas

desde las comisuras de los muertos,

sobre la piedra roja del pasado

cantan para nosotros las aves del futuro.

 

En los templos ocultos

en las profundidades de las plazas

nace el espino blanco de la melancolía.

En el cielo violeta de las torres,

en las puntas doradas de todas las iglesias,

revolotean los pájaros

con la misma piedad con que lo hacen,

en tardes como esta,

sobre la catedral de San Basilio en un verso de Milosz.

 

 

La presente edición electrónica de diez poemas de Cristalizaciones,

de Basilio Sánchez, ha sido depositada en la

Red a los veinticinco días andados del mes 

de junio del  año 

dos mil 

trece

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