Alberto Blanco

 

Poemas

 

(selección)

 

 

 

 

LEVADURA

                                                a César Vallejo

   

Al fin de la mesa redonda

y muerta la literatura, vino hacia ella un crítico

y le dijo: "No mueras, te amo tanto!"

Pero la literatura ¡ay! siguió muriendo.

 

Se le acercaron dos profesores y repitiéronle:

"No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!"

Pero la literatura ¡ay! siguió muriendo.

 

Acudieron a ella veinte, cien, mil, quinientos mil,

estudiantes: "Tanto amor y no poder nada contra la muerte!"

Pero la literatura ¡ay! siguió muriendo.

 

La rodearon millones de lectores,

con un ruego común: "¡Quédate hermana!"

Pero la literatura ¡ay! siguió muriendo.

 

Entonces, todos los poetas de la tierra vinieron,

la rodearon; los vio la literatura triste, emocionada;

¡qué más da! Emocionada…

 

Incorporóse lentamente.

abrazó al primer poeta; echose a andar…

 

 

 

MALA  MEMORIA

 

                                                           La historia es una ciencia

                                                           que se funda en la mala memoria

                                                                                               Miroslav Holub

 

 

Cuando llegaron las primeras lluvias

         hicimos lo necesario

         bajamos de nuestros altos pensamientos

         y comenzamos a labrar los campos

         las manos eran nuestras palas

         los pies eran nuestros pies

         y regamos la semilla

         con nuestras lágrimas

 

luego vinieron los sacerdotes

         envueltos en grandes plumas amarillas

         y palabras más brillantes que el mar

         hablaron con imágenes

         y también para ellos

         hicimos lo que era necesario

 

construimos una carretera larga

         muy larga

         una carretera larguísima

         que va desde la casa de los muertos

         hasta la casa de los que van a morir

 

entonces aparecieron las nubes

         sobre el río redondo

         y escuchamos voces

         que hacían trizas nuestras vocales

         comprendimos que el final estaba cerca

 

hicimos lo necesario

         extendimos nuestras pocas pertenencias

         y fingimos que ya lo sabíamos todo

         aprendimos a llorar

         como las mujeres y los niños

         y los niños y las mujeres

         aprendieron a mentir como los hombres

 

tres grandes agujeros se abrieron en el cielo

         por el primero descendió la luna

         por el segundo ascendió la serpiente

         y por el tercero

         (esto ustedes ya lo saben)

         bajó una estrella de hojalata

         cuando tocó la tierra

         supimos que el tiempo era cumplido

 

hicimos lo necesario

         desgarramos el velo

         y batimos el tambor

         hasta que el vacío

         se instaló en nuestros corazones

 

un rostro desconocido apareció

         en los hilos de la tela

         y cuando sus labios se movieron

         un nuevo espacio surgió frente a nosotros

 

hicimos lo necesario

         tomamos las montañas

         y las pusimos bocabajo

         para que pudieran recuperar el aliento

         tomamos los ríos

         y los pusimos de pie

         para que volvieran a ver el cielo

 

luego tomamos nuestros cuerpos

         con mucho cuidado

         por la punta de las alas

         y los fuimos a lavar en el espejo de los nombres

 

fue entonces cuando nos dieron la orden de despertar

         e hicimos lo necesario

         atrás quedaron los campos

         y las campanas manchadas

         por el canto de un pájaro del otro mundo

         atrás quedaron también los mapas

         preparados para la huída

         y no nos quedó más remedio

         que seguir adelante sin mapas

         que es lo mismo

         que quedarse

 

vimos venir desde del fondo de la tierra

         un sordo rumor

         un torbellino de nada

         con un viento recién nacido

         entre las manos

         la criatura nos dijo

         lo que siempre hemos querido saber

         y siempre siempre olvidamos

         que no hay más sueño que éste

         y que despertar es otro sueño

         más profundo

         si despertamos para adentro

         o más superficial

         si despertamos para afuera

 

como no supimos cuál era cuál

         hicimos lo necesario

         nos sentamos a esperar

         el derrumbe

 

y aquí seguimos esperando

 

como si esperar

         no fuera suficiente trabajo

 

 

 

EL  SALMO  DE  LA  PIEDRA

 

 

A los Dioses del cielo y de la tierra

pedimos con toda el alma

que las piedras se conviertan en semillas

para que puedan dar a luz los campos

altos árboles cristalizados

con que construir nuestra segunda casa:

un nuevo nombre en esta vida,

un nuevo hogar en otra naturaleza.

 

Así estaremos a salvo de los vientos contrarios

y de las perversas opiniones de los demás

pero -y esto es lo más importante-

así estaremos a salvo de nosotros mismos:

de nuestra hambre de reconocimiento,

de nuestra sed de salvación.

 

Aprenderemos a escuchar con las manos

ese rumor callado con que las piedras sueñan

y que -sin proponérselo-

nos da la más profunda lección

de quietud y de entereza.

 

Porque cada piedra es una sílaba

del inmenso nombre que entre todos deletreamos

y la creación no es más que una canción de amor

que brota de su corazón paciente.

 

No queremos ser más ni menos que las piedras:

eternamente a la espera sin espera

de nuestro propio espacio

y nuestra propia duración.

 

No es en vano que invocamos

el silencio perfecto de las piedras

en largas conversaciones con la noche:

materia y electrones zumbando

a tan altísimas frecuencias

que sólo la velocidad de la poesía

da para comprender semejante lenguaje.

 

Pero vale la pena hacer el esfuerzo

por alcanzar tal estado de vertiginosa quietud:

los fósiles del viento no tienen más cuerpo

ni las huellas del cataclismo

donde los Dioses escribieron sus nombres

con carbones encendidos

son más claras

ni son más antiguas

las primeras palabras que balbuceó la tierra.

 

Y así como no hay dos piedras del mismo color,

la misma forma, la misma textura y el mismo peso,

no es posible encontrar dos piedras con una misma voz.

Hay que llamar a cada una por su nombre

secreto, recóndito, intransferible...

un nombre tan apartado

del corazón de los hombres

que se diría -casi- inexistente.

 

Pero existe: basta con tocar a una piedra

para sentir como todo en ella despierta

al íntimo llamado del calor

y al ritmo primigenio de la sangre.

Su amor es y no es de este mundo.

Sus buenas obras

caen por su propio peso.

Es su pobreza la que opera el milagro.

 

El fuego que alienta en cada piedra

es un sol de ceniza

que tiene millones de años dormido.

A donde quiera que va la piedra va su casa,

su cuerpo, su sombra y su luna interior.

 

Todo es tan sencillo con las piedras...

no tenemos que desperdiciar energía

tratando de explicarnos...

ellas nos comprenden sin necesidad de palabras.

 

Porque no hay mejor compañía

en una larga noche de insomnio

que una dulce piedra dormida en la palma de la mano.

 

No hay mejor remedio

para la melancolía de los suicidas

que una piedra preciosa atada al cuello.

 

No hay mejor aliado

en una batalla crucial

que una piedra dispuesta a todo.

 

No hay mejor refugio

para nosotros, los seres humanos extraviados,

que una piedra para volver a casa.

 

 

 

POETOMÁTICO

a Ivan Malinowski

 

 

Quiero ajustar el tornillo

diminuto de mis lentes

pero necesito los lentes

para poder ver

el tornillo

 

¿No es esta

la situación del mundo?

 

DECLARACIÓN  DE  AMOR

A  LA  ORILLA  DEL  MUNDO

 

 

Todo lo que no alcanzamos a decirnos

lo dijeron los árboles temblando por nosotros:

las espigas rosadas al borde del camino,

los pájaros hundidos en su canto invisible

y un rumor que venía de todas partes y de ninguna.

 

Recuerdo que me detuve a recoger una piedra

y la levanté con gran cuidado -amorosamente-

como si hubiera sido un pajarillo

que acabara de caerse de su nido.

 

La puse junto a tu oído y te dije:

- Cierra los ojos… ¿la escuchas?

 

- Sí, ¿qué es?

- Es la niebla.

 

 

 

ELOGIO  DE  LA  LUZ

 

                        a Eduardo Chillida

 

 

La poesía

                   es una

                                      pregunta

 

la prosa

                   es una

                                      respuesta

 

La prosa

                   es sólo

                                      un camino

 

La poesía

                   es la luz

                                      del camino

 

 

 

PRIMER  POEMA  DEL  DESIERTO

 

 

Vuelan tan rápido

las montañas y el colibrí

que no se mueven

 

 

 

MI  TRIBU

 

 

De lago en lago,

de bosque en bosque:

¿cuál es mi tribu?

-me pregunto-

¿cuál es mi lugar?

 

Tal vez pertenezco a la tribu

de los que no tienen tribu;

o a la tribu de las ovejas negras;

o a una tribu cuyos ancestros vienen del futuro:

una tribu que está por llegar.

 

Pero si he de pertenecer a alguna tribu

-me digo-

que sea a una tribu grande,

que sea una tribu fuerte,

una tribu donde nadie

quede fuera de la tribu,

donde todos,

todo y siempre

tengan su santo lugar.

 

No hablo de una tribu humana.

No hablo de una tribu planetaria.

No hablo siquiera de una tribu universal.

 

Hablo de una tribu de la que no se puede hablar.

 

Una tribu que ha existido siempre

pero cuya existencia está todavía por ser comprobada.

 

Una tribu que no ha existido nunca

pero cuya existencia

podemos ahora mismo comprobar.

 

 

 

EL  LLANTO  EN  LLAMAS

 

 

El fuego es el mismo en todas partes.

Crepita el corazón, se encienden las vidrieras

y una flor de odio se abre paso entre los hombres:

noche verde, hojas de humo y pétalos de sangre.

 

El fuego es el mismo en todo incendio.

Se eleva el árbol custodiado por guardianes

del orden al revés, del mundo de cabeza:

el árbol de oro negro y frutos infernales.

 

¡Ay, el fuego de siempre al centro de la plaza!

La decisión trivial y el fin de una locura

franqueando el paso a una locura mayor:

¡un desatino más protegido por las leyes!

 

Muros quemados y manchas de grasa,

sirenas de la noche profunda y asfixiante:

bocas abiertas aullando al astro de hueso

carbonizado en la boca de la hornaza.

 

Miles de años y este fuego sigue vivo…

bordoneando la herida con moscas espectrales:

flamígera la fiebre, los números danzando

callados y con sombras grotescas de comparsas.

 

Horror sin fin y el fuego sigue siendo el mismo…

rasgando la túnica nocturna como un rayo:

un tajo furioso en el que va por la venganza,

una oración maltrecha en labios de un soldado.

 

 

 

 LA  SERPIENTE

Y  LAS  FLORECILLAS 

DE  LOS  DIOSES

 

 

La noche se abre

perfume delicado

leche tierna

 

Anillo aromático

arriba el templo

a mitad del camino

 

Máscaras de la flor

una luz cálida nos inunda

y hace brotar truenos de los montes

 

La tierra está viva

lo saben los sentidos con asombro

 

Una fisura entre las rocas

gritos de pájaros y voces azules

 

Seguimos el cauce

entre el verdor y el ruido

 

Violetas junto al río

¡hipnótico zigzag!

 

El viaje en un hilo

va creando un campo de fuerza

 

Si se rompe el hilo

la corriente se detiene

 

Si se forma un círculo

la corriente se nivela

 

Pero la fuerza crece

con la circulación

 

La serpiente de roca

La serpiente del cielo

La serpiente de la tribu

La serpiente de los sueños

La serpiente de luz interior

La serpiente y su tubo de neón

deslizándose al pie de la escalera

 

Una visión encendida

por la pura voluntad de ver

 

El rostro en la montaña

lanza  llamas

 

Pirámide de Malinalco

19 de septiembre de 1977

 

 

 

HOTEL  OSCURIDAD

 

 

                        Rayando la placa de hierro,

                        grabando, no importaba -o casi-

                        lo que había frente a mí...

                                                           Emil Nolde

 

Por la ventana penetra

el olor pesado del puerto:

pescado rancio y gasolina...

 

Nubes sucias en el reverso de un espejo,

chimeneas donde el carbón asciende

transfigurado en oscuros pensamientos.

 

La misma pregunta de siempre

golpeando insistente en mis sienes:

¿Habré de quedarme en este lugar?

 

                            *

 

Me duermo vestido, exhausto...

y luego despierto dentro del sueño

con un portafolio negro bajo el brazo.

 

Bosquejos de anónimas barcazas:

en las borrosas letras de su nombre

quiero descifrar la eternidad...

 

Es fácil ser feliz cuando uno duerme.

¡Pero allí está ese maldito puerto

esperando con su estrépito y sus vicios!

 

                            *

 

 

El ácido de la vigilia comienza a morder

los esgrafiados que el punzante sueño

hiciera en mi mente la noche anterior:

 

Los botes herrumbrosos que la marea

hace sonar in-ter-mi-ten-te-men-te

contra las orillas fatigadas del muelle...

 

Los estibadores que con desaliento

llevan a cuestas sus cruces

tatuadas con las dudas del siglo.

 

                            *

 

Mi vista sigue

el movimiento nervioso

de una mosca en el cristal.

 

Por la ventana se escapa

el sordo gotear de un grifo

al final de la escalera.

 

Intoxicaciones,

humo trágico y vida.

Allá, lejos, un pequeño sol.

 

 

 

KERIYA

 

 

                        A Jacob van Ruysdael

 

 

Hay un vapor de luz entre las nubes oscuras

flotando bajo el sol de sombras del cementerio

que se extiende sin pausa de colina a colina

como un eco de música viva en otro puerto.

 

 

Hay un sosiego allí que se mece lentamente

en medio de las copas solemnes de los pinos

que -más humo que llamas y más llamas que luz-

parecen recordar al mar entre sus silencios.

 

 

Hay un rumor de voces y de velos que flotan

como barcazas a la deriva en plena noche

de un invierno creciente sin rastro de la nieve

que pisan los caballos en este mar de piedra.

 

 

Ni rebaño de cabras ni pimienta de reyes

-callados en sus tronos y vivos por la gracia

de un oleaje constante, de una época dormida,

de una tormenta clara sobre un trigal de hueso

 

 

Que asciende como un canto de duelo y alabanza,

como el humo que aspira a la nube del sello-

los nombres que han quedado grabados en la piedra

por invisible mano, con invisible afán.

 

 

Allí donde el ciprés bebe la luz de los cuerpos,

la luna estremecida que desde la raíz

se yergue como savia destilada en el limo

de la naturaleza presente en nuestros sueños…

 

 

Una luz que girando penetra hasta las ramas,

desemboca en las flores y espera que su fruto

madure en esta vida que no es más que otra vida

que se enciende en los bordes dorados de las hojas:

 

 

En las constelaciones nacidas en el acto

brillando como antaño la plata en su certeza,

en el mar espaciado entre almácigos y rosas

de una noche cerrada, unánime y sin fin

  

  

  

EL  ÁNGEL  VUELVE  A  CASA

 

 

El cielo

ojo inmenso

vaso de claridad

 

El cielo

todo lo que hay

entre dos arco iris

 

El cielo

velas paralelas

para aves paralelas

 

El cielo

mil mercaderías

abolidas por el ocaso

 

El cielo

un golpeteo dulce

y solemne en las sienes

 

El cielo

la orilla del manto

con el talón en las nubes

 

El cielo

un techo que alcanza

la altura de un metal precioso

 

El cielo

té de rosas otoñales

y metales suavemente oxidados

 

El cielo

un barco en la neblina

varado a la mitad de un sueño

 

El cielo

la concha sin la perla

inmersa en su propio resplandor

 

El agua dorada del cielo

El párpado oblicuo del cielo

La esponja y el coral del cielo

 

 

 

 UNA  PARVADA  DE  CUERVOS  ENTRA  

AL  CASTILLO  TEMPLARIO  DE  PONFERRADA

  

  

Hierba crecida,

hierba ondeando

como un pendón hecho jirones

después de la batalla,

jacintos, veletas

y una mañana dura

como un puente de hierro

entre el alma y la verdad:

 

Entre amapolas escarnecidas

y violetas intactas,

entre las nubes de la angélica

y el sello de Salomón,

entre la ortiga blanca

y el aro manchado,

entre la maravilla del acebo

y el diente de león,

nace un silencio inviolado:

nace un azul delta sin salida.

 

Desde la altura nevada de las almenas

-mitad en pie orgullosas,

mitad sueño de piedras sin razón-

una parvada de cuervos tutelares

atestigua el milagro una vez más:

 

La danza del azor y la paloma.

  

 

 

 MI  PARAÍSO

 

 

                   I

 

            ÁRBOL

 

Asciendo de la tierra

que a todos nos sostiene:

 

Hay luz entre mis hojas

y sombra en mis costados.

 

En mi copa sonora

los pájaros se mecen

 

Como si nunca fueran

a regresar al cielo.

 

 

                   II

 

            PLANTA

 

No tengo más de qué echar mano

que este palmo de tierra.

 

No tengo otra cosa qué hacer

que beber agua y buscar la luz.

 

Ocupo sólo el espacio que me toca,

por lo demás no me preocupo.

 

Un cuerpo a la medida y una vida

sin complicaciones, nada más.

 

 

 

 UNA  BATALLA  DE  ROMANOS

  

                                                           a Paolo Uccello

  

  

Ábrese el bosque de las lanzas

y un hilo de sangre toma la pendiente -flor a flor-

emblema del íntimo torrente,

baña las huertas y tiñe las verduras.

De aquí nacerán el rotundo jitomate y la jugosa zanahoria,

los ardientes chiles y el manso betabel.

Con el estiércol de los caballos despavoridos

ha de ser abonado este terreno

por los siglos de los siglos.

Quién más, quién menos,

como liebres en campo de batalla,

como ciervos huyendo ante el estruendo de los truculentos arcabuces.

Una espada de agua en el interior de una venganza imaginaria.

Un soldado desconocido

durmiendo el sueño largo bajo las patas de los caballos.

Y detrás de todos estos valientes

se alcanzan a escuchar las fanfarrias de los músicos,

esos hombres de segunda…

los que vieron correr la sangre como quien ve una película de vaqueros;

los que llevaron el ritmo con el temblor de sus rodillas

deslizando las manos sudorosas como centauros sobre las llaves;

los que apenas si fueron a la fiesta;

o fueron a la fiesta y no sabían bailar;

o se quedaron en la cocina

chiquiteando su vaso con alcohol, su Cuba libre,

soplando en la trompeta del insomnio,

cantando fuera de tono las injusticias del mundo;

sin olvidar -por supuesto- a las estrellas

ni a los ángeles que tocan de corrido

los sones predilectos del Creador.

  

                   *

  

¡Oh oscuridad, telón de fondo!

Crucero y semáforo de la naturaleza.

¡Que siga la batalla cotidiana!

Que sigan las insidiosas diagonales dando guerra,

y la cortina de lanzas abriéndose al milagro de la gente,

a los oficios sin fin de este planeta,

al juego de niños que es vivir cada minuto.

  

  

 

CONQUISTA  DE  LA  IDENTIDAD

  

  

Un haz

de silencio ilumina

la tierra, las armas vencidas,

 

Los cascos,

la mesa salpicada

con ceniza y manchas de vino.

 

Las tiendas

enemigas florecieron

en esta llanura blanca y roja.

 

Profunda

quietud, el sitio

ha sido finalmente levantado…

 

Amanece.

De aquellos feroces

sólo queda la victoria del sueño.

 

 

 

ORACIÓN  DE  LOS  GRANDES  LAGOS

 

 

                   I

 

Perfecta paciencia la del agua

intactos diamantes en puntas de sonido

 

Gaviotas instantáneas y pesca transparente

brazo de niebla para toda la vida

 

Palomas plateadas aleteando

detrás de las ramas secas de los arces

 

Y una línea tendida desde el pico de una estrella

hasta el silencio incandescente de otra

 

 

                   II

 

¡Oh lago inmenso, despeja mis sentidos!

 

Lava mis ojos en tus pupilas

 

Limpia mis oídos

con tu voluntad de escuchar

 

Deja que mi lengua

te exprese con el gusto

salado y dulce de las lágrimas

 

Permite que mi olfato

te siga a la otra orilla

para que al fin juntos

podamos desembarcar

 

Y por último concédeme

la gracia de tocarte

y sentir tu redondez

¡soñada patria de nubes

en la palma de la mano!

 

 

                   III

 

He de llegar al fin a la abolición

de los límites visibles y de la distancia

en alas del aroma picante de la espuma

y el rumor del agua en pleno vuelo

 

Allí donde los peces se multiplican

y el metal precioso de tus especulaciones

me hace sentir la pequeñez de mis defectos

en la extensión indivisible de tu serenidad

 

 

 

CUANDO  LA  LUNA  SUEÑA

 

 

Polvo de oro

de la ciudad vigilante:

un orden de belleza

que es casi imposible

de aguantar.

 

Ascuas heladas

de la ciudad dormida:

un orden de explotación

que es casi imposible

de tolerar.

 

 

 

LAS  GANAS  DE  CREER

 

 

Vuelve la noche

y no escucho el ruido.

 

Me quiero concentrar

y sólo sueño, sueño…

 

Mis sueños son

polvo en el camino.

 

Sombras de sombras

mientras no son reales.

 

Y yo sólo quiero

la realidad…

 

Este es mi sueño.

 

 

 

DESPUÉS  DE  LOS  SIETE  NOS

 

 

Un sí que parece una solución

pero que visto con cuidado

es tan sólo un espejismo:

 

Como un regalo caído del cielo

que ya visto y apreciado de cerca

resulta que no es la tierra prometida…

 

No es el regalo de la amistad;

no es el maná del fin del desierto;

no es la semilla de una lluvia de oro;

no es una moneda transparente y limpia;

no es licor de la Virgen recién cristalizada…

 

Es sólo mierda de pájaro.

 

 

 

LOS  ÁNGELES  INCONFORMES

 

 

Entre un cambio de luces

y un cambio de disfraz

bajo el cielo estrellado

escucho a las sirenas

de la noche citadina.

 

Casi no se puede creer…

 

Entre el dolor que crece,

la basura que se junta

y las vidas que pasan

desconsoladamente

 

Las sirenas

no dejan un momento

de cantar.

 

 

 

RADIOGRAFÍA

 

 

Ir el viernes por la noche al cine

a ver una película de aventuras

es confirmar que no hay acción

ni misterio en nuestras vidas.

 

Ir al Museo de Arte Moderno

el sábado por la mañana

es reconocer que vivimos

sin creatividad ni belleza.

 

Ir el sábado por la noche

a una fiesta a buscar calor

es admitir que estamos solos.

 

Asistir a la iglesia el domingo

es confesar que brilla

por su ausencia el Creador.

 

 

 

La presente edición electrónica de Poemas de 

Alberto Blanco,  ha sido depositada 

en la Red a los 

cinco días andados 

del mes de  enero

del  año 

dos mil

cinco

.